NOTA: estos poemas forman parte del libro inédito: Héctor, el domador de recuerdos.
UNA SONRISA SE VA DE PRONTO
Uno puede ser pie sobre el camino,
angustia de piedra o soledad de hormiga,
acreedor de dudas
testimonio de que una libélula se marcha sin mirarnos,
sacudida de manos que deja caer un chasquido que huele a sopa.
¿Para qué dejar vestigios si la sombra se borrará con la muerte?
Un pudor de gladiolas crece en la casa,
uno queda tibio, casi frío, amedrentado por el silencio.
A ti padre, deberé escucharte por tus moscas
debo reunirlas para que zumben tus historias.
Yo te escucho ahora y dices que fuiste ladrón de gallinas,
fugitivo de tu madre, adorador de membrillos.
No sé, de verdad no sé si las moscas sean las mismas
cuando ya la tierra te absorba y te deje hecho raíces y reguero de células.
¿En cuál de sus miles de ojos te buscaré? ¿Cómo sabré dónde depositarán tu rastro?
¿Dónde las resguardo y cómo sabré domesticarlas?
Padre, deja me acomodo junto a ti
mientras observo tus cabellos blancos
y busco entre tus labios esa tu sonrisa que de pronto se va.
TOMELÍ
Sentada en su tarde, al abrazo del crepúsculo,
Tomelí, te acaricia el cabello,
sostiene tus lágrimas en un delantal raído.
Luego te suelta como si soltara un crisantemo.
Te deshojas de tanto llorar
porque ayer cayeron duraznos invernales,
cayeron como cayó tu perro en el campo,
y las palomas sacudieron sus alas bajo el cenit.
Tomelí vio tus ojos contendiendo una bala,
conteniendo el ladrido de la sangre.
Hay hombres que traen en la garganta una voz de hielo,
en las manos el metal que desfigura los paisajes,
que odian el sonido de la hierba,
y el resplandor de los patos que migran al norte,
Tomelí te consuela con sus manos de mulata,
seguro es que ella nunca a ahogado mariposas,
seguro es que no ha martirizado a los gorriones,
Por eso, cuando sientes sus dedos en tu rostro,
una tibia libertad cubre tus mejillas.
Murmuras algo, padre y lo que escucho,
es que tienes frío, mucho frío.
Mas no importa, tal vez en tu recuerdo Tomelí te abraza.
DEMENCIAL
Musitas una palabra rota y rompes el pasado
quiebras la memoria y miras en su centro el silencio
la negrura de saberte solo, como una roca.
Con tu puño aprietas el recuerdo
esqueleto de res que te persigue por las llanuras demenciales.
Hablas con la tierra y le pides un manojo de hierba fresca,
solicitas la gentileza de manzanos y duraznos
pides la destreza de cien caballos para cruzar la madrugada,
el relumbre de una chispa que prenda tu memoria.
Un hacha es más urgente, de tajo llevarse lo que duele,
apedrear el olvido y luego prenderle lucecitas de plomo,
atestiguar que los grillos no frotarán sus patas
para no interrumpir la entrada del sueño.
ya escuchas llegar la noche, gata nocturna que se acicala
ya escuchas cómo llegan las hormigas a habitar tus grietas,
ya escuchas que un niño viene a llenar de nardos tu boca:
improvisas la figura de una sonrisa y soplas ligeras ascuas,
extrañas la terrible soledad de las torundas y su melancolía de alcohol,
el color honesto de la sangre en los tubos de ensayo.
A qué flor vas a preguntarle por el enraizado dolor de cabeza,
a qué gusano verás recorrer la orilla de tu pensamiento.
Quién te responderá sobre qué es lo opuesto,
calor y frío hay en los linderos de los intravenosos
los sueros desatan su corriente de cloruro de sodio,
las agujas amansan una parvada de glóbulos que buscan migrar.
Te pones en alerta porque algo se azota dentro de tu pecho:
es una dalia o la pisada de un perro o un grito
es el coro de las hojas que se arrastran en los jardines
es la mordida de los líquenes para aferrarse al asfalto
es la astronomía que te dejó siempre mirando lo celeste
el pasillo vacío por donde caminaba tu niñez.
Héctor, tu memoria es un caracol que hiberna,
una paloma dormida en el rincón más oscuro de un templo,
un arpa de cuerdas rotas que alguien dejó en la calle.
ALGO SE COCINA
En el agua con canela te pareció ver un hormiguero,
al hervir, las burbujas eran angustiadas hormigas,
o era el verano que se alejaba de tu infancia,
la vieja puerta crecida de abandono, los higos,
la protesta del manzano que maniataba tu padre.
¿Qué veías en la harina y en la sal, en el piloncillo
o en las almendras quebradas por tus manos?
La risa de los muchachos cazando las culebras,
el rostro del enjuto caballo que no era tuyo.
Ahora que mezclas los ingredientes
crees que así puedes domesticar tus recuerdos,
tus raíces de niño sin palomas,
del sin aire, del que pregunta y nadie le contesta,
del desoído, del que arrancaba peces del estanque.
Las horas son las brasas calientes donde doras el pensamiento,
El aroma de los limones te llega como un recuerdo agrio,
o es el viejo perfume de la higuera el que te duele,
ahí tu sombra dejaba tu cansancio, tu costumbre,
tu delgadez castigada por huaraches y chicotes.
Enciendes la estufa y algo en tu mente se alarga,
Como la adolescencia dejada en los días en la pizca,
en las algodoneras donde todos dejaban los huesos,
el sudor en las camisas, los dedos raídos por la hiedra.
La leche hierve y tu memoria tiembla como un cervatillo,
relumbra en tus ojos un llanto ácido, como tus catorce años
cuando se multiplicaban tus angustias y te sentías insecto terrible.
No importa que ahora tengas entre tus manos un animal desnudo,
un fajo de yerbas de olor para disimular la sazón de la tristeza,
DIOS INFANTIL
Un salto de palabras
se fuga por el agujero donde el pasado se esconde.
Tú, domador de recuerdos,
miras por el agujero cómo tus emociones
se vuelven la vieja maleza de los sueños.
Hay remembranzas parecidas a tiburones,
se clavan en la mente, navegan en neuronas,
son barcos que arrastran su cirrosis,
muestran su corazón de anguila
o su silvestre costumbre de arrecife.
Domeñador, sube al caballo del inconsciente
Y hazlo brincar la cerca de tu realidad,
Acuérdate del nombre de tu madre, de los ojos de tu padre,
Repara en la tarde aquella, cuando un grupo de niños
montaban bicicletas ante el azoro de un dios infantil.

Hortensia Carrasco Santos (1971), Acatlán Puebla, es poeta y narradora. Ha publicado los libros de poesía Jaulas Ocultas, Ciudad como seca hierba, Poemas del encierro, La Habitante, Quemar el silencio, Muererío, Por eso escucho la lumbre, En las heridas de los cactus nacen flores, antología personal y Polifonema En cuanto a ensayo, publicó el libro Semblanza de un poeta, libro que habla sobre la vida y obra del poeta uruguayo Saúl Ibargoyen. Ha sido acreedora de premios de poesía como Premio Interamericano de Poesía Navachiste Jóvenes Creadores 1999, el Premio Nacional de Poesía María Elena Solórzano en 2019 y el Premio de Poesía Praxis en 2024.



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