por Eloy Marquez
Ordena madurar a los
últimos frutos, dales aún dos días
más de sur, condúcelos a su sazón y
atrapa la última dulzura en el
pesado vino.
—R. M. Rilke
Me guarezco en el sitio silente donde este fresno con el que me templo, se precipita a sus cantares de sonia colmados. Silencio de árbol, tan antiguo como la más arcana de las metáforas: la de dios… Metáfora renacida al recrearla en el amor; resucitada ella a través de las plegarias encendidas con gritos, o, si cabe, mediante el poema, en el comienzo de su obrar.
El hoy es un calor en mí…, es lo palpable y lo impalpable de los rostros al encuentro salidos, los cuales, ellos todos, custodian celosos el arcón donde duermen sus almas…, pero en los adentros: las almas mueren ahogadas en palabras de luto, o enloquecen, finalmente emboscadas… Adentro sólo habita un yo suplicante de otros…, ese adentro: ese camino celado que conduce al claro para la comunión. Allí, dorados son los cipreses, y toda la piedad —ese saber tratar adecuadamente lo otro— vuela para posarse sobre los cuerpos amantes. En medio de los aires de otoño deben llegar los amantes, venidos de lejos, asomados tímidamente, porque a su cuidado nos debemos, y hemos, pacientes, piadosos también nosotros, sembrado para ellos el jardín.
Y el hoy es un otoño imantado en mí.

Eloy Marquez (1999) originario de Buenos Aires; Argentina. Desde temprana edad se sintió infundido por la lectura. Luego de terminar el colegio, comienza a cursar Filosofía en la Universidad de su ciudad. Tras ciertos años en la institución, se lanza a viajar y a escribir: el Sur del Argentina, luego el Norte, Brasil, México, donde actualmente reside. En 2022 publicó su primer poemario En alabanza (Ed. Autores de Argentina).



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