por Miguel de Loyola
Nunca la pude olvidar, en cambio Ella, ella ya me olvidó…, como dice esa canción inolvidable de Leonardo Favio. Las cantábamos todas, una por una, en medio de la tradicional fogata en la playa, en tiempos cuando todavÃa se podÃa hacer fuego, y cuando Favio estaba en la cresta de la ola como cantante pop. Resultaba fácil acompañar sus canciones en guitarra. MÃnimos acordes, y un tono siempre cómodo para cualquier cantante improvisado, aunque la entonación a muchos complicaba. Pero Ella, Ella era la canción preferida. ConstituÃa un sÃmbolo inequÃvoco de la existencia de aquel ser imaginario y a veces real que amamos en silencio, en lo secreto, especialmente en plena juventud, cuando los sentidos están sensibles como cuerdas de guitarra, suenan al primer contacto, o bien se rompen tras cualquier cambio. Si, ella, ella ya me olvido; yo, yo la recuerdo ahora. / Como no recordarla, en cada primavera…
La conocà un verano a los veinte años, estando supuestamente enamorado de otra, pero al verla, supe que ya no podrÃa continuar mi relación con Lorena cuando regresara a Concepción. Me enamoró su voz, su sonrisa, tal vez su pelo, o bien sus manos esmaltadas, o esa conversación que sostuvimos la primera vez cuando hablamos en la playa, en traje de baño, junto a las olas, en medio del viento y del ruido desaforado producido por el Océano PacÃfico, que de pacÃfico nunca ha tenido nada, porque su ferocidad asusta a cualquier marino. Hablamos del mañana y del amor, por supuesto. Temas ineludibles a esa edad, y en aquellos tiempos cándidos. Pero entonces mentà y le dije que no estaba comprometido, que no estaba enamorado de ninguna otra, añadà sin dejar de mirarla, deseando besarla al instante. Fue mi primera infidelidad, lo siento, pero debÃa procurar iguales condiciones. Angélica desde un comienzo confesó que no andaba con nadie. Por la noche, de regreso a casa, por el camino pegué varios brincos de felicidad, pero también di varios coscorrones al traidor que descubrà agazapado en mÃ. Lorena seguÃa enviándome cartas de amor desde Concepción, mientras yo veraneaba en casa de unos primos en la Costa Central.
Ahora han pasado muchos años. Tantos, que hasta la canción de Favio quedó sepultada bajo las catacumbas. Pocos ya la recuerdan. Tal vez sólo aquellos que tuvimos la experiencia de Ella, de aquel ser real, existente y también imaginario que nutrÃa nuestras esperanzas de hallar por fin en este mundo a la persona amada. Angélica cautivaba a cualquiera cada vez que hablaba, proyectándote al futuro con una facilidad asombrosa. TenÃa clara la pelÃcula, decÃamos, y no se confundÃa en medio de aquel marasmo sentimental que padecÃan otras chicas de su misma edad. Desde un comienzo dijo muy claramente que esperaba encontrar el amor de su vida, para toda la vida, puntualizó la primera vez que nos dimos un beso, tumbados en la arena, recibiendo las caricias del sol sobre nuestras espaldas. Fue un beso de mar, salado, exquisito. Y serÃan muchos más, el verano recién comenzaba y Angélica se tornaba cada dÃa más bella, dorada por el sol de cada tarde. Su piel parecÃa lustrada, y su boca estaba siempre roja y mojada.
Ella, ella ya se olvidó / de aquellas caminatas / junto a la costanera… RecordarÃa después, tras oÃr reiteradas veces la canción de Favio, esperando sus cartas de respuesta que nunca llegaron. Tal vez le habÃa pasado lo mismo que a mi aquel verano, y tendrÃa su novio en Santiago. Tampoco la volvà a encontrar el verano siguiente en la playa. Sin embargo, una tarde junto al mar oà decir que se habÃa casado. La noticia llegó por boca de quien me la habÃa presentado. Un tiro a quema ropa que me mantendrÃa muerto por varios años, porque no conseguÃa olvidarla, «en cada primavera, y soñamos con hijo que nos llevó a la arena…»
Ella, ella ya me olvidó, yo, yo la recuerdo ahora… cantarÃa muchas veces junto al mar, junto a la consuetudinaria fogata veraniega. Y la cantarÃa con fervor, con dolor, y hasta con lágrimas.

Miguel de Loyola Escritor y profesor, Magister en Letras mención Literatura por la Pontificia Universidad Católica de Chile. Colaborador de revistas y diarios electrónicos. Director de talleres literarios SECH. Ha publicado ensayos de literatura en revistas especializadas en Chile y el extranjero. Sus libros publicados son: Bienvenido sea el dÃa, cuentos. Despedida de Soltero, novela. El desenredo, nouvelle. Cuentos del Maule. Esa vieja nostalgia, cuentos. Cuentos Interprovinciales. El estudiante de literatura, novela. Pasajeros en tránsito, cuentos. Los presuntos, novela. Memorias de papel, crÃtica literaria. Bajo el arco de triunfo, novela.



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