por Ytzjak Baruj
«¡Soy Sandra Contreras, la chica más asombrosamente fantabulomística de toda la historia! Ahora solo debo hacer que los demás se den cuenta de eso. La escuela es como una selva donde gobierna la regla del más fuerte. Solo la más poderosa domina, y por si aún no les había quedado claro (aunque no veo por qué sería así), esa soy yo. Para eso debes dejarles a todos en claro que no se deben meter contigo y lo dura que eres. Será fácil aplastar a estos pendejos y ponerme de líder. Solo debo hallar víctimas» pensaba Sandra mientras observaba a los alumnos caminar por los pasillos. Su vista se posó en uno que se amarraba las agujetas.
«Perfecto» pensó ella mientras se le acercaba.
–¡Muévete animal! –gritó –¡Si sigues aquí en los próximos dos segundos, te daré otra peor…!
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«Por el momento voy a dejar tranquilo a cualquier cinta negra» meditaba Sandra mientras acomodaba su brazo dislocado. De pronto unas voces llamaron su atención.
–¡¿Entonces los bebés vienen del pegamento?!
–¡Y que te quede claro! ¡No se que pasaba por la cabeza de mis papás a la hora de meterlos en esos globos. ¿No es así Impreso?
–Muy seguramente tú
«Esto es más que perfecto» pensó Sandra con una sonrisa maliciosa. «Tres pobres idiotas a los que puedo intimidar fácilmente. Será un juego de niños».
Y pensando eso, Sandra avanzó hacia ellos, diciendo:
–¡Ustedes pendejos, ustedes!
–¿Quién nos llamó? –preguntó Leonardo.
–¡¿Como que quién?! –se enfureció Sandra –¡Pero si me presenté en el primer capítulo!
«Oh, es ella» pensó Iker. «Creía que solo sería un personaje de fondo».
Sandra se aclaró la garganta para empezar a molestarlos, pero justo cuando iba a comenzar, Leonardo la interrumpió diciendo:
–¿Por qué tus zapatos son piratas?
–¿Que…? –se quedó confundida Sandra mientras procesaba la pregunta. Entonces señaló a los pies de Leonardo y gritó –¡Los tuyos son iguales!
–Si, pero los míos los compré –exclamó orgulloso este mientras sacaba la etiqueta de estos de su bolsillo y la mostraba –¡Los tuyos están hechos de cartón!
–Pero… Tardé mucho en hacerlos… -se entristeció Sandra.
–Además deberías usar pantalón… ¡Ah, perdón! Es que es color tierra
–¡¿QUÉ?! –Sandra se palpó el pantalón para ver si lo traía, viendo que así era.
–Y cuando busques aretes recuerda que los buenos están hasta el fondo del bote de basura, no te quedes con los de hasta arriba.
«Creo que lo peor del caso es que Leonardo no lo dice para molestar» meditó Iker mientras observaba a Sandra sollozando en el suelo y a Leonardo hablar alegremente sobre lo horrible que tenía esta el pelo.
«Alto… ¡¿Que mierda sucedió?!» pensó a su vez Sandra poniéndose de pie. «¡Se supone que él debería estar chillando en el piso, no yo!» su vista se fijó en Jesús quien la observaba curiosamente. «Dejaré al primer pendejo y avanzaré con este. Su inocente cara demuestra que…»
–Ramera –soltó seriamente Jesús, señalándola.
«Jesús la terminó con ese comentario» pensó Iker, atónito. «¿Pero como él…?»
Se hizo un inmenso silencio, antes de que Sandra saliera corriendo, gritando como histérica.
–¡Ah, espera! ¿Era con “e”, ¿No? –recordó Jesús –Es que quería preguntarle de donde había sacado su remera. Se me había hecho muy bonita.
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«¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!» Sandra golpeaba con furia la pared de un pasillo lejano de donde estaba el grupo de tres. «¡¿Como me dejé intimidar por esos estúpidos changos mugrosos?! Debo ir directa y usar mi mejor arma para acabarlos» y decidiendo eso, regresó a donde estaban los tres chicos. Leonardo al verla empezó a criticar su joyería, pero esta vez él fue interrumpido por ella quien lo señaló y exclamó:
–¡Eres un estúpido imbécil, naranja de la reconcha!
«Suena a que acaba de aprender esas groserías» acertó Iker. «¿Pero que tiene naranja de provocativo?».
–Me llamó… Naranja… –dijo Leonardo con un dejo de voz mientras se marchaba encorvado.
–¡Y tú! –Sandra señaló a Jesús –¡Eres un idiota, tonto, pedazo de hijo de perra!
–¿Eso que quiere decir? –preguntó este volteando a ver a Iker.
–Prácticamente te está insultando –contestó el último.
–¡¿Qué?! –los ojos de Jesús se llenaron de lágrimas a la vez en que salía corriendo y gritando –¡Eso fue muy cruel!
«Genial» pensó Sandra orgullosa. «Solo queda el que parece más tonto. Lo destruiré fácilmente…».
–¡Oye nerd! –gritó ella señalando a Iker –¡Castrada leguminosa de mierda!
La chica sonrió, esperando ver el típico resultado que no llegó porque Iker solo se le quedó viendo. Por si acaso, ella también extendió los brazos para mostrar que le tocaba a él, sin éxito.
«¿Por qué no salió chillando como los demás?» pensó confundida. «Tal vez tiene los oídos tapados… Eso es…».
–¡Eres un hijo de puta!
Entonces Iker se dio la vuelta y se fue caminando como si hubiera recordado algo que tenía que hacer.
«¡¿Por qué?! ¡¿Por qué no reacciona?!» pensó Sandra, frustrada. «¡No venía nada de esto en el manual del bully!».
–¡Chingas a tu madre! –gritó ella corriendo tras de él. –¡Ojalá se te caigan todos los dientes menos uno y que ese te duela!
Y así estuvo la dinámica en la que la chica le gritaba de cosas e Iker simplemente seguía andando hasta que llegaron a los baños de hombres donde este se metió, dejando atrás a una Sandra totalmente pasmada.
«Esto… No debía pasar… ¡No puede pasar!» pensó molesta. «Todos tienen un límite. ¡Hallaré el suyo y lo haré enfadar!».
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«El mejor movimiento es el rápido y directo» pensaba Sandra mientras posaba sus manos en el asiento desocupado de Iker. «Una humillación frente a todos es algo que no le dejarán olvidar. Es sencillo: En cuanto se vaya a sentar le quitaré la silla haciéndolo caer y entonces todos se reirán de él».
En ese momento Iker entró al salón y se dirigió a su asiento por lo que Sandra se alistó. Justo cuando este se preparó para sentarse, ella jaló la silla hacia atrás.
–Gracias –le dijo Iker mientras se sentaba.
–No hay de que –contestó Sandra mientras le acomodaba su silla para adelante.
Pasaron dos segundos hasta que ella se diera cuenta de lo que había pasado.
«¡¡¡NO!!!» pensó mientras se jalaba el pelo. «¡¿Pero que hice?! Actué sin pensar».
Aunque no pudo hacer nada ya que el profesor entró al salón e inició la clase, haciendo que esta cayera en un profundo sueño.
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A lo largo de todo el día Sandra siguió intentando y fallando. Puso un balde de agua encima de la puerta del salón para que le cayera a Iker al entrar, pero luego de que fuera golpeada por cinco alumnos distintos a los que les cayó, se dio cuenta que en un salón de treinta estudiantes más de uno entra y sale.
Luego intentó envenenar el alimento de Iker y robárselo para consumirlo ella, aunque una vez en la enfermería se dio cuenta que no debió haberlo hecho en ese orden.
Al final del día dieron las siete y por ende acabaron las clases, haciendo que los estudiantes regresaran a sus casas. Sabiendo que sería su última oportunidad del día, Sandra, más desesperada que nada, seguía a Iker por la calle a una buena distancia para no ser detectada por él a la vez en que hurgaba algo en su mochila.
«No es culpa mía. El pendejo me obligó a hacerlo» pensaba mientras sacaba una pistola de esta. «Ese bruto de Leonardo debería vigilar mejor sus pertenencias. Simplemente me acercaré a Iker y con esta cosa lo obligaré a inclinarse ante mi y besarme los pies. Luego de eso me temerá y sabrá que nadie se mete conmigo sino que yo se la meto a todos».
En esos instantes Iker dobló en una esquina, perdiéndose de vista completamente. Pensando que sería su oportunidad perfecta, Sandra corrió como nunca en su vida hacia allá y dobló mientras alzaba la pistola y gritaba:
–¡No te muevas o disparo!
Los dos asesinos con los que Iker se había topado al girar lo soltaron y levantaron sus manos, desconcertados.
«¡¿Que es esto?!» Sandra estaba tan confundida como los criminales, sin atreverse a bajar el arma. «¡¿Que verga esta ocurriendo aquí?!
–¡Puta madre, nos rodearon! –espetó uno de los dos observando como una patrulla se detenía justo en el lugar, de la cuál salieron cuatro policías armados, agarrando a los asesinos y metiéndolos en el auto. Sandra seguía en su misma posición sin haberse movido ni un poco, intentando procesar todo lo que había ocurrido a la vez que Iker viéndose a salvo, le dedicaba unas palmaditas en la espalda para luego marcharse. Uno de los oficiales se le acercó a ella diciendo:
–Agradecemos tu ayuda para capturar a los dos hombres más buscados del estado. Sin embargo permiteme cuestionar sobre el arma que tienes en…
–¡¿A DONDE VERGAS SE FUE IKER?! –lo interrumpió Sandra a la vez que le daba un golpe de lleno en la cara, provocando que se la llevaran también a ella a la comisaría.
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Al día siguiente Sandra se la pasó presumiendo lo sucedido, en la escuela, sin importar que nadie le prestara atención.
–¡Y los oficiales me gritaron que si no dejaba de morder el cuello de su jefe, me dispararían! Eso fue una hora luego de su primer aviso ya que ninguno disparaba por cobardes. Pero entonces un imbécil lo hizo, muriendo porque la bala me rebotó y se le regresó. Entonces salí caminando del lugar sin que nadie me detuviera dándome el titulo de “criminal juvenil”
«Salvó mi vida pero… ¿A que costo?» se lamentaba Iker quién desafortunadamente le tocaba sentarse justo frente a Sandra.

Ytzjak Baruj (Cd. De México, 2004). Ávido lector desde temprana edad, dictó una conferencia en el Museo de Geología a la edad de 10 años y formó parte del grupo P.A.U.T.A. de la UNAM y Conacyt. Es fanático de los videojuegos y los mundos de lo maravilloso que puede brindar lo literario aparte de ser un friki amante de la cultura japonesa. Publicó su primer novela Alma del mundo (2023) en Beyond Dimensions.



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