por Inés Parra
Para Abril y Mia
– Soy un número 2, ¡vaya forma que tengo! Estoy harto, tengo dos años de vida, me llamo dos y tengo dos puntas.
Efectivamente él se llamaba dos, había nacido de la unión de un 1 con otro 1; esos eran sus padres y muy pronto él se uniría con otro número para dar como resultado otro.
– ¡Eso es muy cansado! – alegaba con sus padres -¿qué libertad puedo tener?
– Hijo, no te podrás quejar. Nunca estarás solo, tendrás mucha familia, nunca morirás, y siempre estarás produciendo…
– Yo no quiero eso, Madre, quiero estar solo, no multiplicarme, sumarme, o dividirme. Me parece de caníbales y salvajes hacer eso. Además vivimos en un lugar tan cuadrado y rígido, con las formas más estrictas y lineales que he visto; todo es orden. Recuerdo claramente cuando fui creado, hubo un momento en que estuve a punto de ser palabra o número romano y no fue así. “La matemática es perfecta”, dijo alguien, “así que este pequeño será un 2”. Compréndanme, padres, ese día también conocí las palabras. ¡Qué forma y movimiento! Y con tantas virtudes, tienen un significado y significante y las hay de todo tipo. Tengo que hacer algo para salir de este lugar, no me gusta vivir en este rectángulo, tener que comer signos de + y de – . No, y eso de estar en fila me harta, tras de mí siempre está el señor 3, y si en la calle me encuentro con otro igual que yo, que hay muchos, enseguida piensan en multiplicarse. También estoy harto de vender raíces cuadradas para vivir…
– Pero, hijo, ¿qué piensas hacer?
– Voy a ir hablar con el rey.
El rey de ese lugar que estaba enmarcado por grandes pirámides y largos caminos de arena. Era el Rey 0, se le conocía como un número bondadoso, bonachón; en otros tiempos no había sido tomado en cuenta, fue gracias a una lejana civilización -la Maya- que se le dio el trono y la corona.
Después de haber estado formado en grandes colas para una audiencia con el rey, el número decidió formarse en la fila de la izquierda y así pronto llegó para hablar con el:
-Querido Rey, sé que éste es un gran reino, abundante, eterno y muy prospero; pero no estoy contento de vivir en él.
– ¿Por qué no eres feliz?, pregunto el rey.
– Porque me gustaría tener la vida de una palabra.
– ¿Sabes la diferencia entre una palabra y un número?- dijo el rey.
– No, contestó el 2.
– Mira, te explicare las dos grandes razones de ambos mundos: el mundo de los números tiene una ventaja y una desventaja, nunca nos extinguiremos, porque tenemos un dios que nos protege y nos da ese regalo.
– ¿Quién es ese dios? – pregunto el número.
– ¡Es el infinito! Nunca sabremos que hay al final de nosotros, nunca conoceremos el fin. La desventaja es que también nunca conoceremos la muerte; nunca descansaremos…para tu problema hay una posible solución- reflexionó el rey.
– ¿Cuál? pregunto el 2.
– Que vayas en busca del infinito. Yo te voy a decir cómo es y en dónde lo encontrarás. Búscalo, esta es una de sus fotografías: ∞.
Lo puedes encontrar en el espacio, en el universo. En el mundo de las palabras tienen otras virtudes, continuó el rey, pero la principal es que tienen eternidad, mueren y renacen, y esa es su manera de eternidad. Pero tienen una desventaja: que algunas se acaban, son olvidadas para siempre, porque siempre están surgiendo nuevas. De la audiencia con el Rey, el número salió muy confundido, pero al chocar con otro y ver que el resultado era otro número que en cuanto lo vio le grito “¡Papá!”, éste decidió buscar al Dios Infinito.El rey le había dicho que para ir hacia el universo había que voltear al cielo y empezar a contar estrellas hasta juntar muchas, y así lo hizo, en cuanto perdió la cuenta, se vio en medio de las estrellas y le pregunto a una:- Disculpe, señorita ¿en dónde puedo encontrar al señor infinito?La estrella dijo:- Eso es muy difícil, tienes que caminar entre nosotras, todo derecho hasta que te salga bien la cuenta. Nosotras apenas somos un grano de arena de la playa en donde él descansa…- No importa, tengo que encontrarlo- dijo el número.Comenzó a andar entre galaxias a años luz de distancia, para él valía la pena tal recorrido. El número 2 imaginaba el momento en que el infinito le diría: “ven, siéntate aquí en mis piernas y dime: ¿qué palabra quieres ser?”. De sus sueños lo despertaba la necesidad de encontrar qué palabra sería. Se sabe que los números en algún momento logran llegar al infinito, pero si no se ponen atentos pueden regresar de nuevo al inicio. Así que centro toda su atención en los caminos por los que andaba hasta que vio la casa del infinito. Entró, y al estar frente a éste, le dijo: – He venido hasta aquí en busca de un sueño. Mi sueño es ser una palabra.El dios infinito exclamo: – ¿No te gusta lo que eres?, ¿por qué una palabra?, ¿no quieres ser un planeta, una estrella…?-No – contestó el número – no quiero ser más parte de cifras, cuentas, multiplicaciones…- Bueno, dijo el infinito, te puede ofrecer que seas una formula, o un ∏ 3.1416, ¡son muy populares!No, dijo el número, quiero ser una palabra.- Mmm…bueno, dijo el infinito, en lugar de llamarte 2 te llamaras DOS, o tal vez un II Romano.- No, protestó el número, ¡sería lo mismo! Quiero ser palabra y así ser eterno y no infinito… con todo respeto- dijo el número. El infinito dijo:- Está bien, viendo el largo recorrido que has hecho hasta llegar a mí, ¿qué palabra quieres ser?, tiene que ser una palabra chica, máximo de tres letras.El número estuvo pensando por largo tiempo, y al cabo de un rato dijo:- Quiero ser la palabra MAR. El infinito lo observó con cierta incredulidad, pero al final lo complació. Algo inexplicable paso y el número 2 perdió el conocimiento. Cuando pudo abrir los ojos, la luz del sol lastimaba su mirada, y cuando pudo abrir totalmente los ojos se dio cuenta que sería parte de un poema. ¡Al fin su sueño era realidad! Todo era sonoridad, movimiento, música, ritmo e imagen. Tuvo que correr para llegar a tiempo y tomar su lugar en la estrofa del verso que le correspondía. Y cuando el ritmo de la estrofa ocupó su nombre, él cayó en los brazos del poema:
“¡Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!”
Supo que lo había necesitado un poeta chileno llamado Pablo Neruda, y que lo ocuparía para otros trabajos; así que nunca jamás estuvo quieto. El número que decidió volverse MAR, cada vez que alguien lo nombra, corre a buscar a la Señora eternidad para contarle sus aventuras, al verlo ésta lo abraza y le dice: estoy feliz de que estés aquí de nuevo conmigo.

Poeta mexicana, Licenciada en Comunicación por la UNAM. Obtuvo la beca Artes Por Todas Partes por su espectáculo de danza y poesía Pequeña Sonámbula, en 2006 y, en 2010, la beca Red para el Desarrollo Cultural Comunitario de Gobierno del Distrito Federal por su espectáculo de poesía y danza Luz, luz enemiga. Ha publicado en revistas literarias de España (Curia, Deriva y La siega) y México (Periódico de poesía). Fue incluida en la antología Hasta agotar la existencia II (2004). Participó en recitales de poesía para la Feria del Libro del Zócalo (2005-2005) y la Fiesta del libro y la rosa (2011). Es autora de los libros de poemas Pequeña sonámbula (2006) y Música de violín para suicidas (2011).



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