por Lorena Noriega
No debería dejar que los demás hablen por mí, durante siglos se han contado historias relacionadas con lo que somos y lo que no somos. Cada cultura tiene sus propias interpretaciones sobre nosotros. ¿Sabes qué? Estoy cansado de escucharlas. He estado suficiente tiempo en esta tierra como para saber que en realidad nada tiene sentido. La desesperanza es parte de mi día a día, a veces vago sólo por las calles bajo la lluvia y el incesante olor a cloacas de la ciudad. ¿Otros siglos fueron mejores? No lo creo, la misma maldita pesadez de vivir se ha desenvuelto en cada uno de los siglos. El ser humano siempre ha estado en busca de la inmortalidad (sobre todo si se cuenta con buena salud, dinero y felicidad) sin embargo pasar por este mundo lleno de podredumbre, odio, envidias creo que una vida es suficiente.
He vivido bastante tiempo para poder indagar en el pensamiento simple de los mortales. La vitalidad y la alegría que ocasiona el sentirse amado, la novedad y después el hartazgo, cada uno busca alcanzar lo que no puede y cuando lo obtiene el deseo se apaga. ¿Acaso es parte del destino alcanzar para luego olvidar?
Cada día que pasa, el desencanto y la desesperación me envuelven. No hay ninguna novedad y en realidad nunca la hubo. He experimentado y explorado todo tipo de sensaciones y el resultado ha sido siempre el mismo: vacío. Ser esclavo, ser obrero, ser capataz o general, el poder sobre los otros genera cierta emoción y excitación que desaparece con los años. Lo mismo con la violencia. No hay llenadera. El final es siempre el mismo. Ricos, pobres, hermosos, repulsivos, al final desaparecen.
He vivido en palacios y pocilgas, experimentado el quebranto y el poder para escapar del aburrimiento, y aún así al final estoy sumergido en este sopor interminable.
Cada día, cada siglo el desprecio a la vida se acumula en mis entrañas. Pero no puedo acabar con esto. Nací con el día, con la creación, el resplandor que despertó la vida misma me despertó a mí. No hay una razón real de por qué pasó. Traté de encontrar la respuesta, pero hace tiempo que decidí dejar la búsqueda. En realidad, nada me interesa. A veces puedo pasar días sentado debajo de este puente, o viajando en el metro de la ciudad. ¿Qué ciudad? Cualquiera no importa.
Me voy perdiendo con los días, desapareciendo entre la muchedumbre. La lluvia moja mis ropajes y el ruido de la ciudad cubre mis lamentos. Vagar, vagar en medio del opresivo flujo de gente que corre hacia sus metas sin entender que en realidad no es nada, y un día esa nada borrará cada uno de sus recuerdos. Es cuestión de tiempo antes de que ellos, todos ellos se pierdan. En cambio, yo seguiré con los siglos caminando entre la indiferencia y la soledad que es el vivir.

Lorena Noriega es escritora de cuentos cortos de fantasía y ciencia ficción. Editora en Editorial La Confianza y Beyond Dimensions, traductora y maestra de español para extranjeros. Estudió Lengua y literatura hispánicas en la UNAM y tiene una Licenciatura en Educación por la Universidad de Guadalajara. Ha publicado en revistas digitales y ediciones impresas, como la colección Postales literarias (UNAM, 2018). Su libro Cuentos maravillosos de Raverenia ha sido publicado por Beyond Dimensions. El propósito de su escritura es sacudir a quien la lea y llevarle a la reflexión.



Deja un comentario