Rompiente desde la colonia[1]

Chicas trans hallan seguridad y aceptaciรณn entre corales como las รบnicas sobrevivientes a una tormenta que sumerge su isla en el Caribe.


[1] Este relato forma parte de Imagine 2200: Climate Fiction for Future Ancestors, un concurso de ficciรณn climรกtica de Grist, traducido por primera vez al espaรฑol.

por Ada M Patterson

Traducido al espaรฑol por Manuel Monroy Correa

Ilustraciones por: Carolina Rodriguez Fuenmayor

No la apartarรญa mรกs el coral. Su respiraciรณn se atenuaba y su cuerpo se debilitaba. Tenรญa consciente que se quedaba sin mรกs pasos que dar. Una chica como ella sufrirรญa algo asรญ por una dรฉcada de caminata. En ocasiones, la arena sumergirรญa sus talones, sumergiรฉndola en la memoria, perdiรฉndose en lo que ella alguna vez fue, olvidรกndose en aquello en lo que se estaba convirtiendo. Es asรญ como la calma la hallรณ, rindiรฉndose a los destellos de una vida por encima del agua. La de su vida antes del agua. Quieta. Sola. Con la brisa, rompiรฉndose al tiempo en que la corriente la atravesaba, enfriando insistentemente su cuello, vaciando sus poros de plancton, algas, arenilla. Lo suficientemente frรญo como para tener presente cรณmo se siente el verdadero frรญo. Parada en la cima de alguna colina โ€”ยฟquรฉ nombre tenรญa? ยฟFarnham? O era, ยฟFelicidad? No, asรญ era como llamaba a su sensaciรณnโ€”, no importa el nombre. Lo que importaba era la brisa, el doliente suspiro del Atlรกntico, baรฑรกndola. Audible solamente en el traqueteo de las ramas y el temblor de la casuarina. Y ella podรญa escucharlo. Cada hebra joven sacudida por mil bocanadas de viento. Sus frutos mรกs sueltos, caรญan desde el cielo, como desde un nido vacรญo de erizos de mar. Siempre tuvo cuidado de no caminar descalza debajo de los รกrboles de casuarina. El golpe duro del fruto en su caรญda, debajo de los talones, podรญa sentirse como el cristal que se inserta en el pieโ€ฆ, como las pรบas del pez leรณnโ€ฆ, las espinas de un pez globoโ€ฆ, al pisar los colmillos de un arrecifeโ€ฆ, ยกel viento! ยกRecuerda el viento! No se podรญa dar el lujo de hundirse en apariencias. Debรญa tener presente el viento, que cortaba a travรฉs de su playera. Lo suficientemente afilado como para recordarle dรณnde estaban sus pezones. Estรกn. No los pรณlipos. Los pezones. Aquellos que hizo crecer a propรณsito. Los que eran suyos aun antes de los cambios. Los cambios, en su cuerpo, en el mundo. No podรญa dejarlos de lado. El viento se levantaba en su cabello como en una casuarina. El Atlรกntico, suspiraba al lado de ella. Fijando su mirada en aquella colina sin nombre, todo podรญa ser ella. Y ella, serโ€ฆ

La corriente se abriรณ paso. Llegรณ hasta ella y lo recordรณ. Rememorรณ hacia dรณnde debรญa ir y asรญ podrรญa arrancar todas esas preguntas que le esperaban. ยฟCuรกntos dรญas habรญa perdido? ยฟCuรกntos pasos habรญa dejado ir? ยฟPor cuรกnto tiempo el letargo la reclamarรญa? ยฟCuรกnto de ella quedaba enterrado debajo del coral? Sus pรณlipos podรญan ahogarse con ese tipo de preguntas. Mejor o simplemente, seguir moviรฉndose tanto como pudiera hacerlo. Tan pronto como su mente pudiera pasar del coral. ยฟCuรกnto faltaba? Tratรณ de mirar a travรฉs de la negra espesura del agua salada. Cualquier dolor se suavizarรญa con sus segundos pรกrpados. Observaba, porque era necesario saber en dรณnde estaba. Debรญa recordar. Su cuello girรณ sรบbitamente, como las avalanchas costeras, cuando se tornรณ a mirar el punto de referencia mรกs cercano: lo que fuera alguna vez un supermercado. Ahora, una descerebrada ruina. Estrellas elรญpticas brillaron desde la oscuridad. Una colonia de miles de bocas por nutrirโ€ฆ Ella no querรญa eso, una colonia. Deseaba, por seguro, una familia, pero no aquello, fuera lo que fuere. Enraizado y adherido a su propia especie, repitiendo y repitiendo un cuerpo ideal โ€”una mente idealโ€”, sin la posibilidad de tener tus propios pensamientos. Nunca en la posibilidad de de ver mรกs allรก de los horizontes de la colonia. No. Ella siempre quiso algo mรกs que eso. Algo mรกs que este lugar. Algo mรกs de este lugar. El coral la miraba de vuelta, como sabiendo que aquellos deseos eran en vano; como si supiera que todo aquello que pudiera crecer en esas aguas eran colonias. Sus pies resbalaron por raรญces. El coral la habรญa hallado de nuevo.

โ€“ยฟEs tu hijo?

Con un rasgo de coqueterรญa en la sonrisa, su padre habรญa mordido el anzuelo que la cajera le lanzรณ

โ€“Mi mรกs grandeโ€“ dijo, dejando que el apelativo ยซhijaยป muriera en su boca.

Haciendo flotar la palma de la mano un poco mรกs abajo que el mostrador, la empleada palmeรณ la cabeza de un fantasma que solo ella podรญa ver.

โ€“Recuerdo que lo hizo asรญ de pequeรฑo.

Nunca entendiรณ por quรฉ los รบnicos cambios ante los cuales que la gente sonreรญa la altura y la edad. Crecer alta, no ancha โ€”una regla que necesitarรญa para sobrevivir, no fuera que alguna tรญa maliciosa o alguna amistad horrible cercaba a la familia proclamara su rechazo: ยซestรกs engordandoยปโ€”.

Tampoco era una sorpresa para ellos; mรกs bien, una decepciรณn que su cuerpo creciera tan desregulado y fuera de lรญnea. No entendรญa por quรฉ salirse de la lรญnea significaba aproximarse a la senda del daรฑo. Ni siquiera la cajera ni su padre podrรญan ver la suavidad reciรฉn hallada de su figura, su piel, su cabello. Tampoco notaban los cambios deliciosos de su grosor. Entre sus profundidades emocionales a flor de piel y todo ese gozo al dulce estilo de Demerara[1] en el que vivรญa, nada de ello podrรญa ser registrado. Simplemente, no sabรญan quรฉ mirar. Demasiado ocupada recordando a una niรฑa que no estaba ahรญ. Demasiado preocupada por dar la bienvenida a un hombre que nunca llegarรญa. Por supuesto, algunos no podrรญan ver los cambios. Los que importaban. Los que seguirรญan importando.

Habรญa permanecido callada, dejando pasar el momento llenando su mochila de provisiones. La monotonรญa rota de algunas latas, gracias a algunos tesoros que destacaban. Pescado salado. Pimiento picante. Pepino. Todo se amontonaba haciendo que la boca de su mochila tuviera una mueca de horror. Se perdiรณ en el olor nauseabundo del fruto del รกrbol del pan que quedaba en algรบn barranco por el que pasaban. Aun rondaba la insistente sensaciรณn de las hormigas aplastadas, el pasto hรบmedo, el lejano hedor de ratรณn de campo reciรฉn muerto. Pero esto formaba parte โ€”lo sabรญa bienโ€” de lo que implicaba recoger el fruto del รกrbol del pan. Este deberรญa oler como si se estuviera pudriendo desde dentro. Al fin, lo que llamaban carne yeluh era solo la madurez vestida de corrupciรณn. Carne yeluh, justo como ella, al momento en que se le retira la cรกscara, es dulce y marchita โ€”algo que tanto hombres como mujeres buscaban enterrado en sus muslosโ€”. Algo decolorido de raza y tan basto que no tenรญa gรฉnero. Todos los cambios mรกs suntuosos habรญan olido como algo moribundo. Algo asรญ solo podรญa saber maravilloso. Hombres y mujeres sabรญan eso. Asรญ que la codiciaban. Ansiaban sus labios de mordedura de cienpiรฉs y sus pequeรฑos pechos de coucou[2] revuelto. Ella era arena suelta y hรบmeda. Pegajosa donde debรญa serlo pero nunca suficientemente asible.

Se apresurรณ a ajustar los cierres de su mochila, adelantรกndose a su padre. Necesitaba huir de los aromas distractores de criaturas muertas y fruto del รกrbol del pan. Necesitaba un poco de aire. Aun no la habรญan notado โ€”ni en el hoy de todos los dรญasโ€”. Su sexto mes con estrรณgenos y simplemente no podรญan verlo. Todo ello ebullรญa dentro de ella. Tal vez, desde el inicio, ese era el punto. Tocar, de forma invisible, este cambio. Transformarse delante de los ojos de los demรกs, escondida a plena vista. Diariamente, dejarรญa que se derritiera dentro de sรญ. Que goteara por debajo de la superficie. Las ondulaciones generadas se trasladarรญan con la sutileza y la lentitud que la habรญan mantenido desapercibida. Podrรญa esconderse en las gotas de lluvia. Asรญ, cada dรญa, se sentirรญa un poco mรกs distinta. Difรญcilmente de medir, excepto, acaso, por aquel leve cosquilleo en sus pezones y un fresco roce al tacto de su playera. Se hallaba un poco mรกs ligera y caminaba con un poco mรกs de ritmo โ€”nunca pensarรญa que se trataba de algo quรญmicoโ€”. Simplemente, estaba feliz de mantener de nuevo su propio relato. Mucho mรกs ligera, ahora que su sumergida vida podรญa hallar otro tipo de bocanada, revoloteando debajo de la superficie. Posiblemente era algo quรญmico. Una pastilla que le permitรญa respirar bajo el agua. Por algรบn momento, tal metรกfora podรญa ser lo suficientemente real como para continuar flotando. Caminar sin ser atrapada. Al menos, suficientemente escurridiza. Desaparecer al momento en que lo requiriera, profunda en el cuerpo de un hombre que vivรญa asรญ a los ojos de las demรกs. Su piel la mantendrรญa tibia, hรบmeda, respirando. Asรญ harรญa lo que debรญa hacer. No estaba lista para hundirse. Aquรญ no. De este modo no.

Afuera, el sol no concedรญa ninguna misericordia. La piedra caliza y el polvo de las construcciones ahogaban el aire de blanco. La calle era รกrida y estaba abultada de ruido. La suavidad no tenรญa lugar ahรญ. Los martillos que perforaban el asfalto reducรญan el suelo a polvo al tiempo en que los microbuses vibraban por el camino. Las bocinas de los autos gritaban con ahรญnco al cielo como si Dios mismo pudiera dirigir el trรกnsito. Dorian venรญa y no jugaba. Su nombre era el รบnico que valรญa la pena recordar. Todo el mundo estaba atiborrรกndose de vรญveres. Una horda de bolsas de plรกstico a punto de estallar, repletas de latas y comida seca. La gente compraba todas las provisiones posibles que pudieran llevar. Se podrรญa pensar que las latas estaban llenas de repelente de huracรกn. Frente al supermercado, al lado del pavimento, ella se parรณ en medio de todo. Una tormenta antes de la tormenta. Permitรญa que la escasa brisa cosquilleara su pernas peludas. Desde su desteรฑido y ceniciento pantalรณn vaquero, se dibujaba una lรญnea de sudor en la cara interna del muslo. Las gotas de piel de la terracota se asomaban desde los hoyos que las polillas hicieran en su playera, con la esperanza de capturar este exceso de luz.

Se mantuvo en un mutis de cara a la entrada, haciendo guardia de ese momento preciado en el que se mantenรญa en su propio cuerpo sin ser vista ni por su padre ni por cualquier otra persona, para el caso. Un arco de yeso cobijaba las puertas. Nadie habรญa en รฉl, vestido de un tono arenoso de magnolia. De hecho, era asรญ para todo el edificio, excepto por el logotipo naranja y azul marino. Todo junto, daba la impresiรณn de ser alguien que rechazaba sus colores para una puesta de sol. Tenรญa el propรณsito de ser legible y estilizado. Para los turistas, cuyos gustos eran los primeros en servirse, el supermercado central se hallaba en el distrito de hoteles. Vaya monstruosidad. Se hizo hacia atrรกs. Siempre se preguntรณ cรณmo conseguรญan ponerse tan colorados al tiempo en que hedรญan de crema solar. Pero este lugar no les pertenecรญa hoy. Nadie se darรญa el lujo de pensar en los dรณlares de los turistas cuando habรญa un huracรกn por el cual comprar. Bajรณ su mirada hacia aquellos que llamaba su gente. Las puertas automรกticas se abrรญan y se cerraban como un pulso de pรกnico. Habรญa familias derrochando, con sus niรฑes colgando de cada brazo. Realmente creรญan que la supervivencia era algo que se podรญa comprar en una tienda. La รบnica creencia inamovible era que Dios venรญa de esta isla. Hasta donde sabรญan, su cordรณn umbilical se hallaba enterrado aquรญ, profundamente, junto al de cada una de ellas. Nunca aceptarรญan que Dios se habรญa ido con los britรกnicos.

Esto era lo que amaba hacer: desvanecerse entre la vida de otras personas. Su gente. Desde una superioridad intelectual las compadecรญa para evitar la realidad a la que ella y las demรกs estaban tan dolorosamente anudadas y eran afines. Realmente, ella nunca habรญa pertenecido a otras costumbres. Por ello las amaba con dificultad y desde lejos. La mayor parte del tiempo, con quejas y crรญticas. Querรญa mรกs de ellas. Para ellas. Pero amaba esto, su juego en pretender una superioridad moral. Anidada en sus juicios, se sentรญa invisible y por lo mismo, invencible. No habรญa estado esperando a su padre. No era asรญ, ella disfrutaba este gozo desatado de las miradas que nunca sabrรญan cรณmo interpretarla. Se abrรญa ampliamente al mundo en aquellos segundos antes del retorno de su padre. Sangrando, entre tanto ruido, empequeรฑeciรฉndose hasta el polvo, quemรกndose a los rayos del sol, a la deriva de la brisa. Sabรญa como serlo todo cuando nadie miraba.

Un puรฑado de pรณlipos se desmoronaba de sus pรกrpados al momento de volver en sรญ. Toda ella cedรญa al pรกnico por un segundo, tratando de sostener la respiraciรณn a travรฉs de cada poro. ยฟQuรฉ cuerpo era ella ahora? Se palpรณ. No era la playera con orificios de polilla. Tampoco los shorts de mezclilla. Mรกs bien, la piel morena llena de rubor, rezumando entre rizos y corales. Sus recuerdos podrรญan ser alarmantes, incluso, fatales. Justo ahora no podรญa darse el lujo de estar desmembrada del presente. El pasado estaba debajo de las aguas y no querรญa sumergirse hacia รฉl. No de nuevo. Dando la espalda a la colonia de corales, siguiรณ adelante. Poco mรกs cuesta arriba y lo habrรญa logrado. Se mantuvo entre el camino por delante y su vida debajo de la superficie, haciendo del pasado distante una burbuja fuera de su mente. Los problemas que germinaban en su cuerpo se atenuaban por momentos al dejar que la dulzura del mundo hiciera vagar su resplandor en ella. Era de una belleza resonante y le brindaba un sentido real. Sumergida, frรกgil, fragmentada, en ruinas, pero abundante en promesas por la vida. Una que se vivรญa en conjunto. Interconexiรณn, para ella, difรญcil de recordar: la de sobrevivir de forma independiente, no al lado, sino conjuntamente. Como los camarones, en arcoiris nutriente para las anรฉmonas; estas, protegiendo a sus inquilinos de cualquier daรฑo. Como el coral y las algas viviendo encuarteladas, procurรกndose mutuamente el cuidado por la vida. Arropando sus cuerpos asรญ como hemos vivido en los cuerpos de cada una de nosotras. Siempre tenรญa una sonrisa al notar esto. Todo ello habรญa sido tan ajeno a lo que recordaba antes de Dorian. Hubiera sonreรญdo mรกs sabiendo que la vida aquรญ se hallaba por todas partes. No habรญa huecos que no estuvieran llenos. No habรญa tierras anexadas. Los caminos, revestidos de villas hundidas, desocupadas del pasado, hoy habitadas por peces y corales que pululaban. Lo que podรญa crecer donde fuera, lo hacรญa, sin permiso alguno, en pulsante supervivencia y ayuda mutua: aleta, garra, tentรกculo, madrรฉpora.

Aquellas villas comenzaban a ser los restos de algunas casas de bienes raรญces mientras avanzaba. Buscando el sol, mirรณ hacia la superficie de la bรณveda arriba de ella. Nubarrones de sargazo. Bosques de algas color รกmbar, con la espesura de un eclipse. Atisbaba bolsas de brillo cuando las algas se apartaban un poco por las olas. La superficie habรญa sido siempre agitada, tanto como el mundo que yacรญa debajo. Se convencรญa a sรญ misma de que, mientras siguiera agitรกndose, ella lo harรญa tambiรฉn. En realidad, no tenรญa opciรณn. Tal inquietud siempre la habรญa retenido hasta ese dรญa. Las noticias no esperaron, tal como un cadรกver que, luego de mucho tiempo a la deriva, era arrastrado a la orilla. Apareciรณ un barco de pesca vicentino. Desde el mar, se levantaba un montรญculo de arena y piedra caliza intentando mantenerse a flote. Llevaba una corona de รกrboles negros ya muertos, un erizo de mar gigante. Asรญ era como los pescadores lo describรญan. La humilde cima del monte Hillary no era mรกs que una ladera de tierra y arbustos asomรกndose fuera del agua. Parecรญa una calavera meneรกndose. Era todo lo que quedaba de su isla โ€”cuando se determinaba verlaโ€”. Ahรญ habรญa nacido y tal vez ahรญ morirรญa. Todas habรญan muerto ahรญ. Aquellas que hallaron vida debajo de la superficie โ€”ella y las otras chicasโ€” realmente no habรญan tenido una vida, en primer lugar. Su gente se habรญa asegurado de ello. Cuando vino el agua y les dejรณ a su suerte, se quedรณ con la reiteraciรณn de una pregunta: ยซยฟCรณmo creces en una isla sin siquiera saber nadar?ยป

Habรญa preguntado sin juicio. Fue algo llevado por la curiosidad infantil. Saber nadar no hubiera podido salvar a ninguna de ellas โ€”por supuesto que sabรญa esoโ€”. Nadie podrรญa haber pasado a nado un huracรกn. La pregunta aun la perturbaba. Por cada ocasiรณn que alguien se ahogaba, la isla entera incrementaba su duelo. Tanto gente local como turistas habรญan sido reclamadas por el mar, pero la muerte nunca pareciรณ justa cuando se trataba de sus citadinos. Por esta razรณn, pensaba que la muerte tambiรฉn debiรณ ser una turista. Eso o algรบn hotelero. Supo cรณmo su poder llegรณ ahรญ. No era ningรบn secreto para su generaciรณn. Las naves traรญan todo tipo de cadenas de ancestros y ella pensaba que ningรบn sentido podrรญa escurrirse de aquel dรญa. Esto es, algรบn sentido que no haya sido determinado hasta el cansancio; que no haya sido escrito hasta la muerte, una y otra y otra vez. ยฟPor quรฉ razรณn se pondrรญa como rubor en los ojos manzanilla de la muerte con la esperanza de entenderlo? A pesar de toda esa insensibilidad, esa pequeรฑa roca de horrores temblando en el Atlรกntico, debรญa surgir de repent como una sociedad. De nuevo esa pregunta dรกndole mareos: ยฟCรณmo creces en una isla sin siquiera saber nadar? La sombra de esta pregunta se mofaba de ella y de su gente. ยฟPor quรฉ necesitarรญan nadar las propiedades? ยฟHacia dรณnde requerirรญan nadar? Tenรญa sospechas sobre la manera tan sencilla en que estas preguntas podรญan ser tan fรกciles de imaginar. Temรญa por lo que su propia sangre pudiera reclamar si ella no tuviera el cuerpo para responderle. Intentรณ rescatar algo de los restos de aquel dรญa.

ยซยฟQuiรฉn demonios querrรญa nadar despuรฉs de todo aquel horror en el agua?ยป

No era suficiente para calmarla. No podรญa permitirse dejar a su gente varada de ese modo.

Mirรณ lo que quedaba de todas esas casas de alquiler que solรญan abrazar muy estrechamente el camino. Era muy difรญcil poder recordar algo que mantuviera su recuerdo. Toda su madera estaba a la deriva. Olas enteras de tubos galvanizados y oxidados en total pรฉrdida. Solo quedaron los cimientos. Filas de escalones de hormigรณn desplazรกndose rรกpidamente hacia ningรบn lugar. Portales de la memoria sumergidos en el mar. Algunos de los jardines parecรญan embrujados con estatuas y fuentes; la figura de algรบn pequeรฑo niรฑo blanco con un cuenco en su cabeza. El mismo niรฑo, moldeado en hormigรณn y pintado de esmalte blanco para ponerse en cada jardรญn de la isla. Ella podรญa ver que su esa blancura prรญstina no durarรญa. Se hallaba envuelto entre las hojas de un abanico de mar y rezumado de coral rosa. Las estrellas de mar anidaban en su cuenco. Ningรบn ave a la vista sino cardรบmenes alrededor, indiferentes al hundimiento de ese niรฑo. La pregunta acechรณ de nuevo. Tenรญa consciente el amor que dedicaba a la isla. Solo sus pobladores podรญan rivalizar con ella en eso. Pero ella no deseaba quedarse empotrada ahรญ o en cualquier otro sitio. No podรญa coincidir con aquellas que no deseaban o no necesitaban irse; aquellas que no requerรญan nadar. ยฟA dรณnde irรญan si la isla desbordaba de todo lo que necesitaban? Aquella pequeรฑa roca podรญa ser suficiente. Esta idea le azotรณ como si se tratara de un huracรกn. Oprimiรณ sus puรฑos y sus dientes. Deseaba con fuerza sostener su horrible, horrible, horripilante pequeรฑa roca. El amor no crecerรญa para chicas como ella. Un helado recuerdo que sangrรณ sus manos con pรบas de erizo. Tenรญa consciente que no serรญa suficiente, nunca. Cada dรญa antes de la llegada de Dorian, salรญa de la isla hacia el mar. Necesitaba flotar en algo que no estuviera delimitado o dejado a la muerte. Cada horizonte significaba una posibilidad. Cada oscura profundidad, una promesa que el arraigo no era la รบnica manera de vivir.

Al momento en que Dorian arribรณ, el agua la alcanzรณ. Habรญan transmitido la desapariciรณn del resto de la regiรณn. Toda una isla, perdida. Ningรบn signo de sobrevivientes โ€”lo cual era ciertoโ€”. Nadie se pudo salvar. Afirmaban que el mar no pudo ser ruta de escape, aunque para las chicas que son como ella, el mar sรญ lo era. Chicas que crecรญan poco a poco con branquias, porosidades, pรณlipos, tal como les hubieran crecido de cualquier modo. Aquella branquia pequeรฑa โ€”aquella pequeรฑa pieza delicadaโ€” era una pieza crucial para su supervivencia. Habรญa hallado aliento debajo del agua. Asรญ como es arriba, es abajo, cambiando en la forma que era necesaria. La mar โ€”abultado de plรกsticoโ€” habรญa cambiado igualmente: micropuntos tรณxicos, plancton hormonal, agua en transiciรณn. Todo lo que contenรญa mutaba. Sabรญa lo que era sofocarse, tanto ella como la mar. Pudo respirar lo que en algรบn momento pudo cuando el aire se habรญa adelgazado. El oxรญgeno agotado, los estrรณgenos al tacto. Una forma distinta de respirar para una distinta forma de vida para una chica distinta. Eran una entre sรญ, ella y ella โ€”la mar y ellaโ€”. Ella y todas la chicas que lograron salir. Un plural de sรญ en gozo infinito. Todo lo humedecido era ella. De nuevo, el sopor de su memoria.

โ€“Es curiosoโ€“ los ojos de Keona se posaron en el horizonte.

โ€“ยฟQuรฉ cosa?โ€“

โ€“Chicas como nosotrasโ€“ callaron. Los nacientes corales apacentaban ligeramente, germinando en su frente โ€“tienen que vivir siempre sobre los lรญmites. Solasโ€“. Los corales apuntaban hacia el horizonte seรฑalรกndole el camino hacia donde la isla se habรญa perdido.

El mar permaneciรณ quieto. Vestรญa las ascuas del decadente sol de la tarde. Las olas colapsaban en sรญ antes de poder levantarse, en retirada hacia el dobladillo de la falda de su madre, como si temieran crecer. Escuchaba el ruido que hacรญan los correlimos zigzagueando a lo largo de la orilla. Sus patas dejaban un caminito de huellas en forma de tridente. Los arrullos de las palomas al mediodรญa calmaban lo que se erguรญa a la vista. Sonaba siempre como una canciรณn al alba. Pensaba que tal vez habรญan perdido algo. La brisa era como un suspiro por todos lados, capturado en las palmas de los รกrboles de almendro y en la gruesa red de la manzanilla de la muerte. Todo tenรญa la apariencia de lo muy terso, blando y difuso. Aun los escombros flotantes parecรญan maderos flotando inocuamente mรกs que lo mortรญfero en expansiรณn. Ciertamente el mar tenรญa la mayor quietud en meses. No requerรญa de palabras ni de justificaciรณn. Todo lo que este mundo deseaba era el reposo. Ella y los demรกs supervivientes habรญan estado viviendo en las orillas poco profundas de La Soufriรจre desde que el mar se desbordara. El lugar se conformaba de chicas-coral extraviadas y vicentianos evacuados de las tierras bajas. Despรบes de tanta muerte que habรญa emergido del mar, a la gente no le importaba mucho las apariencias; a quiรฉn se amara o quรฉ floreciera en el cuerpo o entre las piernas. Era un lugar allanado por la austeridad y el duelo, asรญ como lo poco o mรกs de familia que nunca conociรณ.

Ayudaba a Keona a mantener una fogata. Lo que necesitaran flotaba en el agua como restos a recuperar: crisis y redistribuciรณn โ€”un huracรกn promete ambosโ€”. Un pote de metal se tornaba oscuro al fuego con un cuenco de barro flotando al centro mientras hierve agua salada. La tapa, moviรฉndose de arriba a abajo mantendรญa el vapor y lo arrojarรญa hacia el cuenco. Eso era agua fresca para quienes la necesitaran en el campamento, para aquellos que no podrรญan beber directamente del mar. Viendo por encima de la fogata, posรณ su mirada en Keona. De un poco mรกs edad, su cabello corto, oscuro, como lana, brotaba en forma de pequeรฑos aros de humo por cada poro en su cuero cabelludo. Su piel era un encendido cielo nocturno por todo el calor que moteaba de sudor su rostro. Vestรญan una abotonada prenda extra-larga color turquesa como vestido, avejentada por la vida, que parecรญa tragar su cuerpo sin llegar a sus muslos. Gruesas, como el gozo de la carne sobre el hueso, brillaban espesas por las llamas que pretendรญan mantener con vida.

โ€“Miraโ€“ se sacudรญan un poco el sudor. Siempre estaba un tanto nerviosa cada vez que Keona comenzaba a hablar. Sus palabras tenรญan, por ocasiones, el poder de envolverla como olas โ€“Todas las eras mรกs cercanas son eras dejadas atrรกsโ€“ dijo mientras sostenรญa la respiraciรณn dejando que su voz se vaciara. Debajo de sus pies la isla retrocedรญa. Tratรณ de mantenerse firme, sabiendo que Keona nunca tratarรญa de lastimarla. Sus palabras eran difรญciles pero sabรญa que serรญan siempre un regalo. Se pesรณ en ellas, cayendo al fondo del mar desde donde Keona las ofrecรญa. Las eras se acercaban mรกs y se permitiรณ sentir lo que podรญa significar eso. Podรญa escuchar el lugar haciendo ruido a su alrededor; la gente laborando para mantenerse con vida. Haciendo las cosas que les permitieran seguir con vida. Una mezcla de voces โ€”en algรบn momento encarnaron desacuerdos amenazantesโ€”. El lujo de tener miedo saliรณ como si de un corazรณn de coco se tratara. Dorian habรญa venido y los arrojรณ conjuntamente a este lugar, de todos los lugares posibles. Una villa apenas existente, inclinada con mansedumbre a las faldas de un volcรกn. Apiรฑados por el desastre, sus mundos se achicaban y se empalmaban. No habรญa dรณnde esconderse ni necesidad de hacerlo.

Su respiraciรณn retornaba, a su ritmo y asentada. Keona la habรญa sentido dando vueltas a sus palabras en el mortero de su mente. La vรญa despacio, acogiendo a esta chica โ€”su nueva hermana, halladaโ€” y todo lo que compartรญan. Elle examinรณ el coral que brotaba a largo de sus brazos. Cada flor era madura y flexible. Cientos de labios pequeรฑos color รกmbar salรญan de ella. ยฟEn quรฉ se estaban convirtiendo, Keona y ella? No exactamente coral, no exactamente humanes. Pero en medio tampoco era el lugar donde son. Keona le arrojรณ una mirada afirmativa, manteniรฉndola en el coral del cuerpo de su hermana. Ella pudo sentir lo que Keona miraba, la visiรณn borrosa que sobre ella tenรญa volviรฉndose cada vez mรกs clara. Podรญa sentirse siendo vista como una completa experiencia novedosa, una que podrรญa pasar a nado cualquier horizonte conocido.

โ€“ยฟCrees que hallan oรญdo hablar de nosotres?

โ€“ยฟQuiรฉnes?โ€“ frunciรณ ella el seรฑo.

โ€“Tรบ sabes, aquellas chicas en las otra islasโ€“ las palabras de Keona se deslizaron rumbo a la marea alta. Su boca se abrรญa intentando dar una respuesta. Apenas comenzaba a establecerse en esta isla. No habรญa tenido el espacio para pensar en las otras, sin contar a otras chicas. El asunto que trataba Keona la habรญa inquietado de nuevo. Suya era la isla escogida para desaparecer completamente en la ruleta de los desastres de temporada. Nada habรญa permanecido igual, pero las otras islas seguรญan ahรญ. Chicas encerradas, inmรณviles, intentando hacer una vida en los mรกrgenes de esas otras islas. ยฟHabrรกn tenido noticia de lo que habรญa sucedido, de lo que habรญa cambiado?

โ€“ยฟY quรฉ si lo han hecho?โ€“ retรณ a Keona a apaciguarla.

โ€“Bueno, piรฉnsalo como si se tratara de ti. ยฟQuรฉ harรญas?

No era fรกcil, Keona. Dejaron que el reto se les deslizara de sus manos como lo fuera una medusa. Sabรญa, sin embargo, con toda claridad, lo que habrรญa hecho. Si supiera que no se podrรญa ahogar, hubiera dado el paso hacia el mar y no mirar atrรกs nunca. La seguridad en la superficie era algo en lo que no podrรญa confiar jamรกs. El lugar que conocรญa y en el que podรญa estar mรกs a salvo era en el vientre del mar. Una seguridad a precio de estar sola. Nadando hacia las profundidades sabรญa que nadie podรญa hacerle daรฑo pues serรญa la รบnica persona ahรญ. Le serรญa insuficiente, por supuesto, pero justo ahora no tenรญa por quรฉ ser asรญ. La superficie del agua temblaba en su mente, rompiendo vertiginosamente con todas las posibilidades. Podรญa ver un mar de chicas como ella en el horizonte; pulmones ahรญtos de agua de mar, corales recientemente crecidos, respirando en su lugar; podrรญan relajar sus hombros, soltar las caderas y dejar que todo ese aire salino las liberara de cualquier daรฑo. Eso deseaba para esas chicas. Todo ello y, para sรญ. Su visiรณn descansaba en sus manos. Dando la espalda a la superficie, lo encontrarรญan. Un mundo nuevo que respirar.

Las algas comenzaron a diluirse sobre ella y el agua era cada vez menos profunda. Sentirรญa el sol quemando, atravesando el cielo como agujeros roรญdos en un techo de hojalata oxidada. Su punzada la despertรณ. Su cuerpo supo que ya casi era tiempo. Pronto vendrรญa a ser una colonia. Debajo de ella, el camino se habรญa desintegrado en arena y lodo. Era mucho mรกs salino arriba donde estaba. Todo parecรญa muy turbio, excepto por las raรญces negras y hรบmedas que se esparcรญan cual tentรกculos en el techo. Igualmente inestable, resbaladizo, oscuro, como si cruzara un manglar moribundo. Maniobrando entre las raรญces enredadas, notaba todo el dolor al tiempo de subir a la superficie. Los รกrboles frutales se inclinaban, despojados de sus frutos. Las palmeras y los tallos de papaya se balanceaban sin cabeza en la corriente sibilante. El suelo debajo de ella era un crรกneo de piedra caliza sin ningรบn recuerdo, como si no se hubiese derramado nunca sangre, como si ninguna caรฑa hubiese crecido. Todo era un yacimiento maldito, hundido ya fuera de lugar. Con cada paso, el agua se tornaba mรกs caliente y verdosa. Difรญcil era moverse en este calor abrumador. Apenas podรญa pensar. El barro le mordรญa los talones y todos sus pรณlipos clamaban al sol. Ya que ella, el coral y el agua estaban unidos por la respiraciรณn, se preocupรณ porque la superficie siguiera siendo un lugar inseguro para chicas como ella. Resplandeciรณ justo arriba de su cabeza y esa luz temblaba en sus propia ondulaciรณn. Mirรณ fijamente hacia arriba, congelada, como si el techo se fuera a caer, como si el cielo arrojara sobre ella una casa debido a quien y a aquello en lo que se estaba convirtiendo; por quien siempre vendrรญa a ser: una chica que nadรณ demasiado lejos, retornando ahora a casa. La luz danzaba en su rostro y el dolor mรกs ligero la atravesรณ, haciendo estremecer a los nuevos corales que comenzaban a florecer.

La isla tenรญa la forma de un gran encharcamiento. No habรญa mucho que sacar de observar las ondas. Estaba vacรญa de cualquier cosa que ella pudiera reconocer. Apenas distinguรญa unos รกrboles ennegrecidos y flacos inclinรกndose hacia el cielo. Pensรณ que tenรญa un parecido a un erizo de mar: pequeรฑo, frรกgil y autoprotector, intentando de la mejor manera sobrevivir en un mundo turbulento. Hermoso para ver pero peligroso para tocar. Se preguntรณ hasta cuรกndo la isla le permitirรญa verla de este modo. Justo cerca de la superficie seguรญa dudando. Ignoraba cรณmo moverse โ€”y no era a causa del coralโ€”. La decisiรณn de emerger la mantenรญa dando vueltas en su lugar. Nada aquรญ podรญa reconocerse como su isla. Ignoraba hacia aquello a lo que retornarรญa. Todo era nuevo, solo habรญa vuelto a emerger. Tampoco estaba segura de tener siquiera el derecho de solicitar mucho de este lugar. Ni siquiera sabรญa si la isla la reconocerรญa. Seguรญ mirando sin estar segura de quรฉ sacar de ello, de este lugar que parpadeaba a travรฉs de la ventaba movible hacia la superficie. Observaba al tiempo en que temblaba en el juego de la luz y el agua. Se disolvรญa, continuamente, apartรกndose y recogiรฉndose, como si fuera incapaz de decidirse quรฉ ser. La isla continuarรญa cambiando.

โ€”โ€”

ยซยป


[1]     Demerara es una regiรณn de Guyana. N. del Tr.

[2]     Platillo tรญpico.

Ada M. Patterson (they/she) is an artist and writer based in Barbados and Rotterdam. Working with masquerade, video, and poetry, she tells stories and imagines elegies for ungrievable bodies and moments. Their writing has appeared in Sugarcane Magazine, PREE, Mister Motley, and Metropolis M.

Carolina Rodriguez Fuenmayor is an illustrator from Bogotรก, Colombia.

Manuel Monroy Correa

Traductor y poeta radicado en Mรฉxico.

Deja un comentario

Descubre mรกs desde Beyond Dimensions

Suscrรญbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo