por Josu Landa
Llamamos ‘poder’ a cierta disposiciรณn y capacidad para afectar la voluntad de otros por imposiciรณn o autoridad, es decir, por actos de fuerza o por el reconocimiento voluntario de la cualidad estimable de decisiones y acciones tomadas y ejercidas por alguien, con base en medios igualmente convincentes y aceptables.
La estipulaciรณn de ese significado de la palabra ‘poder’ implica determinado agente o factor de poder, el consabido efecto de poder y el medio eficaz โcoactivo o ‘autorizado’ (por razones de ley, prestigio, legitimidad y afines)โ que vincula dinรกmicamente ambos tรฉrminos.
Con la constituciรณn del espacio pรบblico, los factores y efectos de poder se expanden a escala social. Igualmente, con la conformaciรณn del espacio intercomunitario y, en su momento, internacional, esos mismos entes de poder amplรญan su acciรณn y presencia por todo el รกmbito de la llamada ‘geopolรญtica’, es decir: el plano de una polรญtica planetaria.
Por lo general, se tiende a considerar que la literatura es o puede o debe ser uno de los medios de que se valen los factores de poder (clases, castas, estamentos, corporaciones, gremios, grupos sociales, lobbies, cรกmaras empresariales, mafias y toda clase de contubernios movidos por el afรกn de dominio, dinero, gloria y valores similares) para concretar sus efectos. La conformaciรณn del espacio polรญtico, histรณricamente, ha acarreado el recurso a medios de poder, entre los que ha descollado la literatura. Esa idea y ese hecho โde los que dan cuenta mirรญadas de referencias historiogrรกficas, a lo largo de mileniosโ coloca implรญcitamente a la literatura en el reino de los medios.
En el caso de los nexos entre literatura y poder, sin embargo, la cuestiรณn es mรกs complicada de lo sugerido por una lรณgica, en general burda y simplista, de fines y medios.
Hagamos una cala entre una gran cauda de ejemplos: los afanes de Platรณn, en Repรบblica, por poner ‘la poesรญa’ โesto es: la รฉpica, la lรญrica, la tragedia, la mรบsica y las artes plรกsticasโ al servicio del proyecto polรญtico que se propone en el mencionado diรกlogo. En este caso, no es tanto la supeditaciรณn de la poesรญa a ciertos fines polรญticos lo que mรกs llama la atenciรณn, sino el hecho de hacerlo con la conciencia de que el placer que ocasiona a sus receptores convierte a aquella en un medio de eficacia ideolรณgica superlativa.
En verdad, esa instrumentalizaciรณn de la poesรญa era un fenรณmeno muy anterior al proyecto de repรบblica platรณnica: era notoriamente consustancial a la paideia griega, en tanto que canon de los relatos โmitosโ convenientes a los factores de poder establecido por ellos mismos.
Datos histรณricos como รฉse exigen revisar eso que aparece como palmaria subordinaciรณn ancilar de la poesรญa a los factores de poder, esa reducciรณn de la poesรญa a medio de poder.
Un recorrido por los procesos de reconstituciรณn del espacio pรบblico, que derivaron en la formaciรณn de las mรกs sรณlidas poleis griegas, dificulta una reducciรณn de la poesรญa a simple medio de poder. En el caso de Atenas, por ejemplo, el vรญnculo entre la condiciรณn de ‘eupรกtrida’ (‘bien nacido’, en รบltimo tรฉrmino, descendiente de las divinidades tutelares de la ciudad-estado) y la articulaciรณn de una ‘bulรฉ’ (consejo) ad hoc, que garantiza y canaliza el poder de los aristรณcratas, es indisociable de los mitemas (es decir, las elaboraciones poรฉticas) que legitiman todo ese proceso. Para decirlo pronto: la tradiciรณn mรญtica โo sea, la poesรญaโ estimula la conformaciรณn de una estructura de poder, al tiempo que, una vez constituida, la legitima en el orden simbรณlico-ideolรณgico y la reproduce en el plano polรญtico. Cuando, por su parte, se trata de la monarquรญa ateniense, esa combinaciรณn se hace patente con mรกs vivacidad: no es casual que Solรณn reรบna, en su sola persona, la condiciรณn de rey, legislador, sabio, juez y, desde luego, poeta. En formaciones polรญtico-culturales como las seรฑaladas, el discurso estรฉtico no es siervo de ninguna instancia suprema de poder, sino que forma parte de los factores de poder de que aquella consta.
Es dable, pues, tantear ex hipotesi la posibilidad de que, en su raรญz, el poder con poder se escribe: que el poder es el relato que este elabora sobre su propia genealogรญa, su รญndole, su dignidad, sus referentes axiolรณgicos. Por momentos, lo poesรญa puede haber operado como factor de poder, antes que como medio de poder. Esta manera de asumir ciertas expresiones de la poesรญa โla literatura, en generalโ comporta una identificaciรณn de รฉsta con el poder.
Pero la historiografรญa registra, con gran profusiรณn de referencias, un fenรณmeno mรกs frecuente y mรกs ampliamente extendido: la subordinaciรณn ancilar de la poesรญa a los intereses dimanados de factores de poder. Se observa a la literatura operando como medio de poder desde la Antigรผedad hasta nuestros dรญas; tanto en el รกmbito de los antiguos sistemas mรญticos y las historias compuestas por los vencedores o por artistas y plumรญferos a su servicio como en el de los relatos escritos por los vencidos; tanto como literatura apologรฉtica cuanto como libelo o panfleto contestatario. La paideia griega se basรณ en ese esquema de servidumbre ideolรณgica. Cabe recordar que poetas tan prominentes y venerados como Horacio y Virgilio, fueron parte del engranaje de poder armado por Cรฉsar Augusto, cuando apenas despuntaba el periodo imperial, en Roma. Los versos de dichos poetas engalanaban y diseminaban, en la abigarrada sociedad romana del siglo I a. C., los valores integristas y restauracionistas con que el emperador, casi reciรฉn estrenado, querรญa apuntalar su proyecto polรญtico.
De manera en apariencia paradรณjica, cabe decir algo anรกlogo, por caso, de la rica panfleterรญa anรณnima debida a los filรณsofos ilustrados franceses y a plumas como la del marquรฉs de Sade, como de la poesรญa y el arte de los futuristas rusos โdistintos y distantes de los filofascistas futuristas italianosโ y de buena parte de los escritos de Darรญo, Martรญ, Neruda, Alberti, de Rokha, Vallejo, Paz, Efrain Huerta, Roque Dalton y muchos que cultivaron la palabra rebelde, protestante y revolucionaria. Asรญ que la poesรญa del llamado ‘contrapoder’ tambiรฉn con poder se escribe. El caso de Pablo Neruda es destacable, ademรกs, porque encarnรณ en sรญ todo un campo de batalla, en los tiempos de la Guerra Frรญa: protegido y mimado por el comunismo soviรฉtico, debรญa resistir las intrigas y el asedio de la CIA norteamericana, organismo por cuyos malos oficios el poeta chileno no pudo recibir el Premio Nรณbel hasta 1971. Fechorรญa nada extraordinaria, por cierto, si se tiene en cuenta la prolongada confrontaciรณn entre EEUU y la ex-Uniรณn Soviรฉtica, tambiรฉn se dio โy con ferocidadโ en el รกmbito cultural. Las consecuencias de esa peculiar conflagraciรณn ideolรณgica y geopolรญtica fueron incalculables; pero este ejemplo puede dar una idea de sus caracterรญsticas: segรบn datos recogidos por la historiadora Frances Stonor Saunders, el New York Times dio a conocer, en 1977, que la CIA habรญa participado en la publicaciรณn de ยซal menos mil librosยป, como parte de la permanente ofensiva cultural anticomunista, en todo el mundo. La lista incluรญa traducciones de La tierra baldรญa y Cuatro cuartetos, de T. S. Eliot, Doctor Zhivago, de Pasternak, nuevas ediciones de El prรญncipe, de Maquiavelo, y un largo etcรฉtera.1 Conclusiรณn mรกs que obvia: el esquema de relaciรณn ancilar entre la literatura y el poder opera anรกlogamente en cualesquiera de los campos ideolรณgicos en que llega a acontecer. La diferencia estรก en los agentes implicados, los valores en juego, el signo de los ideologemas defendidos y preconizados.
Junto a ese curso de la historia de la literatura, ha venido fluyendo en paralelo, en los รบltimos dos siglos, una corriente de ‘purificaciรณn’ estรฉtica de la poesรญa. Expresiones como ‘arte por el arte’, ‘poesรญa pura’ y afines dan cuenta de un proceso de liberaciรณn de la actividad artรญstica, con respecto a los factores de poder, sus valores y sus intereses. En lo que hace especรญficamente a lo que hoy entendemos, mรกs o menos, por ‘poesรญa’ โque es de aquello que puedo medio hablarโ ese proceso de radical estetizaciรณn, de salida del reino de los medios, marcadamente ‘creacionista’, antimimรฉtica, ha derivado en un despojamiento, en una cesiรณn de las funciones otrora exigidas al poema en los dominios de la ideologรญa. Aun cuando el mero hecho de estar necesariamente adscrita a una formaciรณn polรญtico-cultural dada comporta una considerable determinaciรณn para toda poรญesis โesto es, toda labor de intenciรณn estรฉticaโ puede decirse que momentos capitales de la historia de la poesรญa, como la apariciรณn de Un golpe de dados, de Mallarmรฉ. o tiempo despuรฉs, La tierra baldรญa, de T. S. Eliot, por caso, han marcado la renuncia del poema a enseรฑar, a indoctrinar, a moralizar, a ensalzar hรฉroes, a llorar prรณceres… en fin: a ser vehรญculo de la expresiรณn de algo que no sea el poema mismo como concreciรณn estรฉtica.
No es de extraรฑar que esa deriva purificadora y esteticista de la expresiรณn poรฉtica โfinalmente una reducciรณn de la poesรญa a la lรญrica, en detrimento de la รฉpica y otras posibilidadesโ haya estado acompaรฑada de un correlativo proceso de asunciรณn de tales funciones por parte de otras formas de expresiรณn. Lo que antaรฑo hacรญa la รฉpica, ahora es obra de la novela, la canciรณn popular mediatizada, cierta trova de revelaciรณn y rebeliรณn, el rock, el rap, el periodismo, la TV, el marketing, la internet, las redes sociales y vรญas similares de expansiรณn dรณxica. El cine y las series telenovelescas han metabolizado la poesรญa dramรกtica, sin menoscabo de sus conexiones con la รฉpica y, no pocas veces, la peor lรญrica. En su mayor parte, el estro afรญn a la lรญrica fluye por los canales de una discursividad sentimentaloide y efluvial, cierta viscosidad entre musical y versal, mayormente a la vera de las imposiciones de la moda y el mercado; dicho esto, sin menosprecio de la buena canciรณn amorosa e intimista.
El รบltimo grado, en ese proceso de distanciamiento entre significante y significado, es la textualizaciรณn del silencio. Ciertamente, mientras haya humanidad habrรก poesรญa, pero huyendo de toda ancilaridad y en congruencia con la cesiรณn de sus antiguas funciones a otros medios de expresiรณn, el poema radical del presente es el que recurre a la palabra, al sintagma, a la articulaciรณn formal que concreta determinados valores estรฉticos, con la mira puesta en no decir nada: algo como la verbalizaciรณn estรฉtica del silencio. Del poema transignificativo se pasa al poema asignificativo; no como apoteosis del esteticismo, sino como incursiรณn รบltima en el orden del sentido โcomo siempre, jugando a mostrar y ocultarโ y como ejercicio de la gloriosa inutilidad de la poesรญa, en la era de la instrumentalizaciรณn absoluta de lo artรญstico.
En lo que ataรฑe a sus relaciones con la enrarecida atmรณsfera del poder, la trayectoria recorrida por la poesรญa ha sido รฉsta: desde la identidad originaria poder-poesรญa, hacia la sujeciรณn ancilar, al compromiso ideolรณgico โbien al modo del engagement sartreano, bien al modo revolucionario de cariz marxista o anarquista o algo anรกlogoโ y al silencio radical verbalizado-textualizado artรญsticamente. Es muy probable que, segรบn los vientos que soplan en este presente de destrucciรณn, empobrecimiento extremo, exacerbaciรณn de la desigualdad econรณmico-social, conflagraciones bรฉlicas, violencia y lo que falta por decir, la prรณxima estaciรณn en el fluir histรณrico de la poesรญa sea la de una nueva incardinaciรณn del poema a los proyectos de transformaciรณn polรญtico-social y de redenciรณn humana que, de seguro, vienen en camino. La condiciรณn deinรณtica del presente puede orillar al poema a abandonar su actual vocaciรณn de silencio. Pero lo mismo podrรญa esperarse de la eventual presiรณn instrumentalizadora y utilitarista ejercida por los factores de poder. Esto รบltimo dependerรก del prestigio formal de la poesรญa y de su consiguiente eficacia expresiva ante exigencias concretas de la voluntad de dominio en marcha. Despuรฉs de todo, la intensidad de los vรญnculos entre poesรญa y poder es directamente proporcional a las potencialidades de aquella en los diversos escenarios de la lucha ideolรณgica, moral y polรญtica.
1 Cf. F. S. Saunders, La CIA y la Guerra Frรญa cultural, trad. de Rafael Fontes, Barcelona, Debate, 2013, pp. 282-283.
* De Filos de reserva, libro publicado por Beyond Dimensions en su colecciรณn de ensayo QVID. Originalmente, texto leรญdo en el IV Encuentro de Estudiantes de Filosofรญa (Facultad de Filosofรญa y Letras de la UNAM, 5 de septiembre de 2013).

Josu Landa es filรณsofo y poeta. Ejerce la docencia en la UNAM.
Entre los libros de su autorรญa resaltan Poรฉtica, Canon city, Platรณn y la poesรญa, Teorรญa del canรญbal exquisito y รticas de crisis: cinismo, epicureรญsmo, estoicismo. Tambiรฉn es autor de once poemarios, entre los que destaca Treno a la mujer que se fue con el tiempo, y el mรกs reciente de los cuales es Mundo Neverรญ.
En 1996, le otorgaron el Premio Carlos Pellicer de Poesรญa. En 1997, recibiรณ la Orden Andrรฉs Bello. Ha sido becario del DAAD en Alemania. Ha pertenecido, en tres ocasiones, al Sistema Nacional de Creadores de Arte de Mรฉxico.



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