EL CANTO CIERTO DE UN CUENTO.

por María Patricia Herrera Gamboa

Ilustrado con la lamina  «Cicatrices» PatHerrera.PastelsArt con permiso de la autora.

Un cuento te voy a contar, es uno muy especial, porque este cuento tiene un dulce corazón, unas risadas pestañas, unos labios de carmín y unas manos suaves, pero muy fuertes…   

–¡Julia!

–¿Ya lavaste los trastos, barriste y fregaste los pisos? Gritaba mamá enojada.

–¡Ándale niña que no acabas!

¿Y dónde diablos está Julia?

Pues haciendo lo que mejor sabía hacer… Soñar, imaginar su propio cuento entre los cuentos, el que narra y canta para sus adentros, el que le dará las alas para buscar el sol una mañana.

Julia, una pequeña niña mexicana como cualquiera de apenas diez años, con la cara sucia escondida en su tez morena y su cabello crespo del color de la noche.  Ella detesta las labores del hogar, ella lo que desea es escribir y cada tanto toma su lienzo blanco, su lápiz para dejar volar su pensamiento, a veces pierde hasta la noción del tiempo, hasta que un grito la devuelve a la realidad, para ella no hay descanso, todos los días es lo mismo, dormir un poco, asearse, correr a la escuela, hacer la tarea, las labores de casa y atender a los varones de la familia, dos hermanos, el abuelo y el padre, ella, su madre y sus hermanas mayores.

¡Que sírvele, que llévale, que pásale, que tráele!

–¡Basta ya! dijo la niña a su madre una tarde cualquiera.

–Y yo porqué tengo tanto que hacer, ¿qué no debería estar jugando? Pregunto con aire de grandeza…

Su madre la miró retadora

–¡Tú solo calla y obedece niña! Le respondió.

Olvida de una vez por todas tus sueños de estudiar más allá de lo básico, porque eso no le sirve a ninguna mujer, tú solo te vas a casar, vas a cuidar un hogar, un marido y los hijos que Dios te quiera mandar, así que bota ya ese lápiz y aprende a coser, tejer y remendar. Concluyó su madre.

Pero en casa de la abuela las cosas eran distintas, ahí escuchaba bellas historias y aprendía toda su sabiduría.

–¿Dime abuela, por qué las mujeres tenemos este destino?  Preguntó la niña muy preocupada. 

–Porque desafortunadamente así siguen siendo las cosas para las mujeres en este país y en muchos otros del mundo, las mujeres no somos importantes aun.

Dijo su abuela mirándola a los ojos.

–Pero, ¿qué tal si en un futuro tú te unes a otras y cambias la historia?

A Julia esas palabras se le grabaron para siempre en el corazón y el pensamiento.

El tiempo pasó y Julia creció, jamás olvidó aquella pregunta que le hizo su abuela, prometiéndose a sí misma que lo haría, dejando la casa materna apenas cumplir la mayoría de edad, con una mochila en el hombro, los sueños firmes y su inseparable pluma en la mano.

Pero ¿Cuántas penurias debería vivir Julia para cumplir esos sueños?

Muchos, sin duda, tendría que batallar para lograr estudiar, porque las aulas no están hechas para mujeres valientes, sino para hombres por hegemonía de género. Pero ella encontró desde el comienzo la sororidad de compañeras y maestras, siempre unidas luchando contracorriente, incluso algunas veces tuvo que esquivar golpes y moretones de compañeros o maestros.

Julia logró terminar una carrera profesional, ostentando para la sociedad la abogacía como bandera, no libre de envidias y tropiezos por su empeño y talento, por su perseverancia y sus grandes alas, pero nada la venció.

Sufrió en carne propia, discriminación, burlas al físico o la exaltación por las formas prominentes de otras, miradas lascivas y comentarios hirientes de superiores, con las consecuentes amenazas por negativas de solicitudes impúdicas a cambio de favores por puestos y cargos, con ese machismo incomprensible que quita o que otorga el poder en un mundo regido para hombres.

Eran los años setenta y Julia se unió a otras mujeres para cumplir aquella promesa, luchando hombro con hombro, para erradicar algo de tanto machismo e ignorancia, se había conseguido el voto femenino y el uso del anticonceptivo, Julia salió enfundada en tacones y minifalda, levantando el puño por la lucha, en aquel incipiente Movimiento Feminista.

¡Hey amiga, mueve las caderas y grita!

¡Las mujeres saldremos a votar!

¡Las mujeres podemos decidir tener hijos o no, cuántos y cuándo!

¡Liberación Femenina!

¡Que vivan las mujeres!

Un aguerrido grupo de féminas alboroto la plaza, gozaremos del derecho que por Ley nos beneficia, como ciudadanas pensantes, por la igualdad y la democracia de las mujeres mexicanas. 

Su madre nunca la entendió criticando su proceder, pensando que era cosa del demonio, las mujeres a su casa y sus deberes y los hombres por el sustento en la calle, su pensamiento jamás cambió, pero Lola así la amo, respetando sus arraigadas enseñanzas, en cambio su abuela fue su aliada y compañera, mujer noble y de roble como el árbol más viejo, con visión admirable de la vida y la historia femenina, aunque fuera arrastrando sus propias cadenas machistas de sus viejos ancestros, ella también se reveló a la sobajación de las mujeres de su época y un buen día abandonó al abuelo para seguir a sus hijos.  

Julia se casó y un solo hijo concibió, creyó encontrar el hombre ideal y al amor se entregó incondicional, pero no atino a preguntar y cuando él trato de dominar a una paloma en pleno vuelo, con violencia verbal y una que otra manual, ella, segura lo detuvo, para no permitir más atropellos a sus ideas de libertad.

Fue una buena madre y crio sola un hijo varón lejos del machismo familiar, ella no solo lo mantuvo desde que él nació, sino que lo educó bajo sus principios, enseñándolo siempre a respetar a la mujer en general, compañeras, amigas y familia, tratando de inculcar del género la igualdad.

Con el tiempo Julia pudo constatar el camino que dejaba atrás, los logros conseguidos para la mujer, pero seguía decepcionada por el proceder de líderes, jueces y gobiernos, que aún abanderan el machismo y la misoginia, inquiriéndolo donde quiera que ella estuvo, escuela, trabajo, casa o familia.

Decida a seguir luchando, inició su preparación, abriéndose camino ejerciendo su profesión con maestría y doctorado, pero con poco o nulo reconocimiento a su esfuerzo, señalándole los varones machistas una y otra vez, que unos bien plantados tacones o un ceñido vestido no eran suficientes, entonces el esfuerzo tenía que ser doble, tan solo por ser mujer. 

Así llegó al poder, elegida por su pueblo, peleando desde un estrado por sus derechos y los de su género, siempre brincando obstáculos, ignoraban sus palabras, pero nunca lograron vencer sus sueños, feminista se volvió y con la pluma en la mano que desde niña la acompañó, escribió y escribió, sobre sus vivencias, incluso desde que fue criada en familia de arraigo machista.

Con ese fiel estandarte, defendió con uñas y dientes a las mujeres de su país, sin distinción de estratos sociales, a las madres solteras, a quienes optaron por el aborto, al matriarcado en las familias, a las injustamente encarceladas porque levantaron la mano para detener las de sus verdugos, a las madres trabajadoras, todas ellas explotadas, con salarios bajos, menores a los de los varones, negociando con sucios empresarios sus prestaciones y derechos elementales con alevosía y ventaja, lucho por la mujeres indígenas, ignoradas y sobajadas por creencias ancestrales hasta de sus propias comunidades, por todas ellas levantó la voz, sucesos que siempre plasmó con la pluma.  

Julia es activista, buscó cuerpos entre la tierra, desenterrando con sus propias manos el odio desmedido de una sociedad podrida, hombro a hombro se unió al grito desgarrador de miles de madres a quien la injusticia del hombre les arrebató el fruto de sus entrañas.

Ella no paró y su vida a ello la consagró arriesgando su propia seguridad, contra la injusticia, la violencia y el feminicidio, no se cansó de gritar a todo pulmón, con la mano levantada, en unión a miles de mujeres mexicanas violentadas en cuerpo y alma durante generaciones.

Hasta que una tarde en plena calle, una bala la alcanzó, callando su boca para siempre por una simple razón, ser mujer luchadora en su país, en un mundo, aun a su pesar dominado por varones.

Julia cayó y su cuerpo se perdió, lo arrastró la cobardía de los incompetentes… y el feminicida huyó, el juez lo exoneró porque culpable no lo encontró, la justicia su caso archivo y el gobierno solo los hombros levantó… Julia terminó en aquellas manipuladas estadísticas, convirtiendo en polvo su nombre.   

Y su nombre claro está, no brillará en los libros de historia, porque los libros no guardan lugar para mujeres valientes, pero su muerte jamás será en vano porque hereda un legado, en la larga lucha que continuarán otras mujeres y que quizás muchas lleven otro rostro y otro nombre, Julias, Marías o Lupitas, pero eso no importa si la lucha continúa…

Esa lucha cruenta y sin fin, siempre será liderada por el valor de las nuevas generaciones que saldrán a las calles, con firmeza y convicción a exigir, a gritar, a reclamar, por los derechos humanos de su género… con los rostros cubiertos o las caras pintadas… por las caídas, por las muertas y las desaparecidas, por las violentadas desde hogares o empleos, por la discriminación y los interminables crímenes por el solo hecho de su sexo, en una lucha que no pare hasta lograr la igualdad.

Y es por eso que hoy te cuento este cuento, mujer, amiga, hermana, feminista, profesionista, ama de casa, joven, adulta o vieja lo que Julia escribió, pidiendo con fervor que nunca duden y tomen de ella su estafeta, porque este cuento no se ha acabado y en cambio lleva el encanto… DEL CANTO CIERTO DE LAS SIRENAS…  

México, después de 214 años de libertad, por fin será liderado por una mujer, esperamos que se cambié la historia y sea la primera de muchas. ¡México escucha a tus mujeres!

María Patricia Herrera Gamboa.

Escritora, poeta y columnista mexicana. Desde niña tuvo la inquietud por la poesía, la escritura y el dibujo. Ha publicado libros, capítulos, artículos de investigación, narrativa y poesía, en revistas especializadas. Algunos de sus trabajos han sido elegidos para formar parte de antologías en México, Chile, Colombia, España, Italia y USA. Ha sido distinguida con el Tercer Premio del Festival Internacional de Poesía La Estación del Arte en Madrid, España y el Consulado Mexicano en Milán, Italia. Es columnista de opinión en el periódico mexicano Excélsior, Imagen de la Mujer y escritora invitada en Historias Metropolitanas de la Universidad Autónoma Metropolitana UAM.

Artista dibujante, 34 láminas elaboradas en papel marquilla y cartulina blanca, PatHerrera.PastelsArt, algunas de ellas también publicadas en revistas de arte y literatura y exposiciones de arte.

3 responses to “EL CANTO CIERTO DE UN CUENTO.”

  1. Mil gracias!!

  2. Avatar de Graciela Sánchez Olguín
    Graciela Sánchez Olguín

    Muchas felicidades Paty, es

    una gran historia llena de realidad. Gracias por compartirla.

  3. Avatar de María Patricia Herrera Gamboa
    María Patricia Herrera Gamboa

    Muchas gracias amiga! Feliz de compartir.

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