Una sombra en la ventana.

por Samuel Castellanos

Amo los viernes en la noche, dudo mucho que sea el único que los ame, pero creo que lo que siento por ellos es algo muchísimo más especial. Camino en la banqueta de la calle que lleva a mi edificio desde la escuela y me gusta ver a las personas más relajadas rumbo a sus casas, todos sonríen en el algún momento.

Yo ya tengo el plan perfecto para hoy: pizza, refresco y Netflix, mis papás no van a estar hasta muy tarde, así que tengo el departamento para mí solo por varias horas, el sueño de todo adolescente.

Camino sin prisa hacia mi edificio y ya está comenzando a oscurecer, me gusta cómo se ven los cristales con la luz tenue, adquieren un color que me agrada. A la distancia trato de encontrar la ventana de mi «depa», cuento los pisos empezando desde el uno, sigo al dos, luego al tres, cuatro… ¡cinco! Ya por fin lo veo, ahí está mi departo. Pero, hay algo que no cuadra… hay una silueta, algo o mejor dicho alguien en la ventana.

Pero no tiene sentido, nadie debería estar allí ahorita ¿Será que mis papás no han salido aún?  Hago un saludo con la mano, pero no tengo respuesta, la silueta en mi ventana se queda ahí sin hacer nada, viéndome o por lo menos eso es lo que siento que hace. Vuelvo a contar los pisos del edificio, no vaya a ser que me haya equivocado de departamento. Uno, dos, tres, cuatro… no, no me equivoqué, ese es ¿Pero quién está ahí?

Tal vez sea mamá y no me haya visto, sé cómo le gusta espiar a los vecinos, apresuro el paso para entrar al edificio, espero el elevador y no sé por qué siento angustia. Cuando llego al quinto piso, voy hacia mi puerta con prisa, la abro y veo a todos lados mientras me adentro.

-¿Mamá? ¿Papá?- grito a ver si alguien me escucha, pero el silencio es la única respuesta que recibo ¿Dónde estarán? Sé que vi a alguien de pie en la ventana de la sala, me acerco para allá y no veo a nadie, que raro todo esto. Me asomo por la misma ventana y veo la calle donde estaba parado hace unos instantes atrás.

Escucho un ruido que viene de la recámara de mis padres y siento un gran alivio, seguro se les hizo tarde y se están vistiendo para salir, camino hacia allá para saludarles, pero el sonido de mi teléfono celular me detiene, lo saco de mi bolsillo y veo en la pantalla que dice «Mamá» ¿Qué significa esto? Respondo el teléfono y escucho la voz de mi madre claramente preguntándome cómo estoy, sin esperar a mi respuesta, ella me dice que sigue afuera con mi papá y que seguramente llegan más tarde de lo esperado.

Yo sólo puedo balbucear mis respuestas, mi vista está fija en dirección a la recámara de mis padres, juro por dios que acabo de escuchar un ruido saliendo de allí. -Adiós, mi amor, pórtate bien- es lo que último que alcanzo a escucharle a mi mamá, realmente no recuerdo qué le habré respondido durante toda la llamada.

¿Me asomo o no a la recámara de mis padres? No puedo quitarme esa pregunta de la cabeza, paso a paso voy hacia allí y creo que vuelvo a escuchar un sonido allí adentro, suena como si alguien arrastrase los pasos caminando, o al menos eso creo ¿Será todo esto real o me lo estoy imaginando?

Entro en la recámara y ahora sólo se escucha el rechine de la puerta al abrirse, no veo nada fuera de lo común, la cama está tendida, todos los adornos y muebles están en su lugar, nada debería hacer ruido aquí.

Observo todo en el cuarto una última vez más para ya irme, pero… pero hay algo raro ¡¿QUÉ DIABLOS ES ESO?! Veo la sombra de una persona afuera de la ventana de la recámara, la puedo ver a través de la cortina, pero es imposible, esto es un quinto piso, nadie se puede parar allá afuera.

Seguro debo estar alucinando, camino hacia la ventana para cerciorarme de lo que veo y esa sombra sólo se queda parada ahí, no sé si sea hombre o mujer, además, no parece alterarse por mi presencia, está estática. Estiro mi mano lentamente para recorrer la cortina, veo su forma definida, sus hombros, el contorno de su cabeza, no sé por qué siento que me mira si ni siquiera le veo los ojos. Me armo de valor parar correr la cortina a la cuenta de tres: uno, dos… y tres. ¿Pero qué es esto? No hay nada afuera, sólo está la calle ya de noche, iluminada por los faroles.

No comprendo, abro la ventana de par en par y siento el aire frío, me recuesto en el marco y veo para todos lados, no hay algún lugar donde una persona pueda estar de pie allá afuera. Mejor me regreso… ah ¿qué ocurre? Siento algo frío en mis hombros, bajo la mirada a mi hombro izquierdo y veo como una sombra sujetándome con fuerza, siento cómo me aprieta y me empuja fuera de la ventana. Ahora sólo alcanzo ver mi propia sombra hacerse cada vez más grande, mientras entre gritos me acerco en picada al pavimento.

Samuel Castellanos

Originario de Caracas (Venezuela) y actualmente radicado en Cancún, cuenta con trece años de experiencia en el sector Turístico de este último destino. Es además de Social Media Manager, escritor de cuentos y novelas de temáticas LGBTQ+ y terror.

En 2022, de la mano de Librélula Editores culminó su novela de temática gay: Un beso frente al mar y ha publicado «El Gran Mentiroso» en la antología Iridiscencias de Librélula Editores. Además, ha realizado diversas publicaciones y escritos de viajes, al igual que cortometrajes.

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