por Eduardo Milán
Filos de reserva de Josu landa
UNO
Solo puedo hablar de Filos de reserva de Josu Landa integrando al Josu Landa que es el poeta, el pensador, el filósofo, el amigo entrañable. El extranjero con el cual somos ambos pares del no-reino. Pero lo importante que viene al caso textual: el equilibrio entre pensamiento, poesía y escritura. Landa es el único ensayista que conozco que reúne estas tres condiciones en una posición de equilibrio, verdaderamente extraordinaria. Primero, porque es fuera de serie el caso. En general, con el ensayo ocurre lo siguiente en América Latina. El que escribe ensayo que no sea propiamente académico –y el de Josu no lo es aunque lo «parezca»– escribe ensayo político. Pero el ensayo político ausenta la poesía. El que escribe ensayo poético se vuelve tan fiel a la poesía -a la condición poética identificada con la retórica poética, en este caso, con la metáfora- que se olvida de pensar. Y así por delante. Filos de reserva nos invita, en cambio, a transitar un camino en el que estos tres elementos: poético-filosófico-político puedan coexistir sin castigarse –en un ejercicio platónicamente adverso– y en el que la poesía circule sin vigilancia ni peligro. Es decir, lo que quería quien está en el fundamento genérico de la cosa: Montaigne. Vuelvo al ensayo en seguida.
DOS
Josu me hizo un gran favor al invitarme a presentar su reunión de ensayos. Yo admiro su trabajo desde hace muchos años. Ahora lo puedo decir clara, incluso anecdóticamente. En 2007 realicé, a pedido de Galaxia Gutenberg, la editorial española, una antología de poesía latinoamericana. Se llamó Pulir huesos. Veintitrés poetas latinoamericanos. El libro tuvo su repercusión bastante favorable, sobre todo, por el material poético que allí se reunía. La cultura poética castellana tiene todavía –y esto es agotador– una visión totalmente conservadora y prejuiciosa sobre la poesía latinoamericana. Digamos, entonces, que la antología aquella cumplió su función alternativa de presentar material que la cultura poético-crítica española no conocía. Uno de los responsables de ese impacto divergente lo tuvo un poema de Josu que incluí: «Treno por la mujer que se fue con el viento» El largo poema de Josu es no solo extraordinario, fuera de serie, etcétera. Es un poema sobre la pérdida. Y la pérdida del tema, que genera una deriva en la ausencia. No conozco un poema que tenga esa fuerza de ir a contracorriente de lo usual de los poemas de ausencia donde, en general, la significación termina adormeciendo al significante. Josu Landa imprime una potencia a la ausencia que termina redimiendo a la ausencia misma. En fin: la poesía en Josu Landa es una potencia de igual magnitud que su ensayo.
TRES
El ensayo es un genero abierto. Quien intente cerrarlo en algo no lo quiere. Y es su condición de género abierto lo que lo vuelve sospechoso, si no culpable, como bien señala Eduardo Gruner. Pero, también paradójicamente, es la voluntad de sospecha canónica la que, en mi particular punto de vista, redime al ensayo de ser o bien un tratadito a medias o una prosa obediente demasiado alargada. Si bien yo también creo que el ensayo corre con el signo de sospechoso, puesto en cara lo que lo vuelve un desafío, en el caso de Josu Lanada, es el amplio espectro de intereses que maneja su escritura. No hay por qué enumerar: de Platón a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa; de Roberto Appratto a Miguel de Unamuno; del sentido de la palabra «seguridad» y su conceptualización a la peste de la Covid 19; pasando por una impecable caracterización especulativa sobre las derivas de la poesía en la modernidad, Landa no pierde, ni deja perder de vista, un solo momento que se trata de un poeta crítico moderno: el que está detrás de sus posturas. La modernidad de Landa se ve con claridad, para mí, si se interpreta a través del concepto axial para la mirada del gran poeta norteamericano Ezra Pound. El concepto es una clave de lectura-escritura: make it new. Significa para Pound el único punto desde donde poder abarcar el avatar sin perdemos demasiado de vista en la coyuntura que vivimos como seres humanos de un determinado presente. No «hazlo de nuevo» es lo que convoca el make it new sino «hazlo nuevo». No es un problema de repetición, clavado en el objeto, sino un problema de mirada, clavada en la concepción, en la actitud, en el posicionamiento. Y es el modo más eficaz que conozco de conjurar las sobredosis de tiempo sobrepuesto en capas, que nos agobia en forma permanente. Y eso es lo que lleva adelante Josu Landa, he ahí lo que yo llamaría su prodigio de profundidad en el tema y en el tiempo. ¿Cómo, si no, familiarizar a Platón, a Unamuno, al concepto de «crisis», tan manoseado hoy en día, a Sor Juana, a Schelling, a Juan Ruiz de Alarcón; y hacerlos valer, en vida presente, a poetas nacidos a mitad del siglo XX, como Elsa Cross o David Huerta? Por supuesto que no es posible mirar a la antigüedad con ojos antiguos. Esa imposibilidad sería la encarnación de la nostalgia. Quiero decir, a modo de condensación: la sincronía que posibilita Josu Landa en Filos de reserva solo es posible por un parti pris que es la puesta en jaque de su propia escritura, al confrontarla con la densa conceptualización filosófico-poética heredada, en forma casi neutra, en posición de espera, como en estado de hibernación. Una apuesta brillante la de Landa y un ejercicio de coraje intelectual insólito en la América Latina actual.
* Palabras dichas al momento de la presentación del libro Filos de reserva, de Josu Landa (Beyond Dimensions, 2023), en la Sala de Actos de la Facultad de Filosofía y Letras, la tarde del 10 de octubre, 2023.

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Eduardo Félix Milán (Rivera, 27 de julio de 1952) es un poeta, ensayista y crítico literario uruguayo radicado en México. Colaboró en varios medios gráficos, entre ellos la revista Vuelta, dirigida por Octavio Paz, donde fue columnista regular entre 1987 y 1992. 1997 Premio Nacional de Poesía Aguascalientes por Alegrial.
Cuenta con varios libros de poesía, crítica, ensayo.



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