por Josu Landa
A Dolores Dorantes y Juan Manuel Portillo
El hecho de la comunidad humana ha sido motivo de asombro, desde antaรฑo. Hasta la apariciรณn del pensamiento polรญtico riguroso, los mitos dieron cuenta de los enigmas de nuestra evidente aunque difรญcil socialidad. Nuestros antepasados mรกs remotos sabรญan que era imposible una vida familiar y comunitaria digna, sin las condiciones materiales potenciadas por el manejo adecuado del fuego. Algo tan poderoso como ‘elemento’ constitutivo de lo real o como fenรณmeno fรญsico solo podรญa tener su origen en los poderes reconocidos a la divinidad. Este supuesto fue asumido con variantes, aquรญ, en Mesoamรฉrica, en la antigua Grecia y en el mundo entero. Alfredo Lรณpez Austin ofrece una versiรณn modรฉlica โen principio, ideada por los chatinosโ en nuestro orbe cultural inmediato: ยซ[…] son los demonios los que tienen el fuego, la fiesta, el mezcal y el tabaco. El tlacuache, comisionado u oficiosamente, va con engaรฑos hasta la hoguera y roba el fuego, ya encendiendo su cola, que a partir de entonces quedarรก pelada, ya escondiendo la brasa en el marsupio. Gran benefactor, el tlacuache reparte su tesoro a los hombresยป1
Es obvio que la astucia del ยซviejo sabio apestoso […] capaz de recomponerse y resucitarยป,2 que es el tlacuache, coincide en parte con la que algunas versiones adjudican a Prometeo. Segรบn Protรกgoras, este titรกn, en medio de un programa civilizatorio divino que tambiรฉn implica a su hermano Epimeteo, no solo roba fuego, sino que se apropia del saber tรฉcnico de los dioses Hefesto y Atenea. Su aplicaciรณn trajo grandes mejorรญas econรณmicas a las vidas de los mortales, pero aun asรญ estos estaban lejos de contar con las condiciones mรญnimas para una vida comunitaria adecuada. Todavรญa ยซno poseรญan el arte de la polรญticaยป, en palabras del sofista que recoge Platรณn, y ยซcuando se reunรญan, se atacaban unos a otros, al no poseer la ciencia polรญtica; de modo que de nuevo se dispersaban y perecรญanยป.3 solo la intervenciรณn de Hermes, facultado a tal fin por el propio Zeus, hace cundir entre todos los seres humanos ยซel sentido moral y la justiciaยป.4 Eso explicarรญa los avatares de la socialidad humana y todo lo que ella comporta de poder, libertad, responsabilidad, consenso y las demรกs virtudes y valores polรญticos.
En un orden civilizatorio dejado de dioses, titanes, tlacuaches y cualquier otro espรฉcimen de esa fauna ahora extraรฑa, pero con milenios de doctrinas รฉticas rigurosas a cuestas, ademรกs de refinadas teorรญas polรญticas, complejas estructuras jurรญdicas, sistemas morales poderosos, enrevesadas historias de revoluciรณn y reacciรณn, ingeniosos dispositivos y estructuras de poder, nos parece natural al menos cierta participaciรณn popular en las mรกs diversas instancias del espacio pรบblico y el reconocimiento de derechos humanos esenciales, como la libertad en lo tocante a pensamiento, expresiรณn, asociaciรณn, trรกnsito, actividad econรณmica, militancia polรญtica, profesiรณn religiosa etcรฉtera. Nuestra modernidad postrevolucionaria โdespuรฉs de los golpes recibidos por el rรฉgimen monรกrquico en las revoluciones inglesa, francesa y rusaโ, ante las severas limitaciones de las instancias de representaciรณn y/o acciรณn polรญtica de cariz comunal, consejista (‘soviรฉticas’ y afines) o republicano y tras innรบmeros fracasos en el afรกn por instaurar el esquivo Reino de la Libertad, ha venido desembocando en una partidocracia confusamente liberal, representativista, burguesa, asociada de pleno a la dinรกmica del Mercado Absoluto โsustancia del capitalismo neoliberal. Eso es lo que, hoy en dรญa, recibe el nombre de ‘democracia’. En esa ciรฉnaga de intereses intrascendentes, engaรฑifas, valores de baja estofa, oportunismos espurios, ilusiones irredentas, corrupciรณn y pasiones indefendibles late a duras penas la vieja e indรณmita libertad polรญtica, poco mรกs que reducida a elegir entre opciones, en general, heterรณnomas y restrictivas. Quien aguce sus tรญmpanos con si quisiera escuchar la pitagรณrica mรบsica de las esferas, apenas podrรก captar, en medio de ese miasma de la voluntad de poder, un lejano eco de la diligencia del gran Hermes asperjando justicia por el mundo, una resonancia igual de tenue de la democracia ateniense, es decir: la originaria.
Acaso somos la encarnaciรณn de una trรกgica paradoja: estamos condenados a juzgar y optar sin fin, al tiempo que casi nada ayuda a que cumplamos esa funciรณn humana con razรณn y libertad. Nadie puede vivir sin estar juzgando acerca de todo lo que se le presente โrelevante o nimio. solo una exigente ascรฉtica, como la practicada por el viejo Pirrรณn de รlide โmaestro de la epojรฉ como abstenciรณn del juicioโ, puede liberarnos de tan fรฉrreo destino.
Elegir es un modo del juicio y serรญa fรกcil consentir en que lo idรณneo serรญa ejercer ese verbo de manera libre, sin coacciones ni determinaciones heterรณnomas. Lo cierto es que, en general, mientras mรกs se ensalzan los beneficios de la autonomรญa es cuando menos parece posible actuar libremente en polรญtica, economรญa, periodismo, ciencia, arte y cualesquiera otras facetas de la vida humana. รsta es una calamidad de la mรกs antigua data y es tan potente que llegรณ a cundir hasta entre los dioses mรกs encumbrados del panteรณn griego. El cรฉlebre juicio de Paris lo evidencia. Las versiones al respecto, como sucede casi siempre, son diversas y nada obliga a asumir la mรกs difundida o la mรกs cercana a alguna ortodoxia. Lo que el mito comunica es que Zeus se abstuvo de optar por su esposa Hera o alguna de sus hijas Afrodita y Atenea como la merecedora del tรญtulo de La mรกs Bella. Inclinarse por una de ellas comportarรญa la nada deseable indignaciรณn de las otras dos. Hermes intercede con รฉxito, para que sea Paris quien acometa la elecciรณn. Como podrรญa esperarse del mรกs comรบn ‘mordelรณn’ de nuestra lรกbil burocracia, el bello prรญncipe troyano se pone a subasta ante las tres grandes diosas. Hera le ofreciรณ los mรกximos poderes del mundo, Atenea le garantizarรญa convertirlo en un estratego invencible y Afrodita estaba dispuesta a entregarle la mujer mรกs bella, la mรกs cercana a las diosas entre los mortales, Helena, pese a estar comprometida con Menelao. Paris confiere a Afrodita la รกurea manzana, en seรฑal de su presunta supremacรญa estรฉtica y, como se sabe, despuรฉs de eso, no tardarรก en arder Troya.
El mito pone de relieve que elegir es algo por demรกs comprometedor: verse asediado por presiones externas, renunciar a la tranquilidad interior, arriesgarse a no acertar en la imparticiรณn de justicia, herir susceptibilidades al intentarlo, flaquear ante tentaciones o pagarla caro si se actรบa con honestidad, batirse con las siempre difรญciles exigencias de imparcialidad, sentir el vรฉrtigo de una decisiรณn a la postre excluyente, cargar la culpa de consecuencias altamente destructivas. Es imposible salir totalmente indemne incluso de la mรกs elemental judicaciรณn. La conciencia de esta verdad impele a la mayorรญa a adentrarse en dos vรญas diferentes pero complementarias: la del olvido inconsciente de los riesgos inherentes al juzgar y la de la ilusiรณn del juicio libre: la presunta elecciรณn autรณnoma, sin consideraciรณn de los obstรกculos que tienden a impedirla y, menos aun, tomar providencias รฉticas y polรญticas ante aquellos.
Elegir con razรณn y libertad es un logro รฉtico reservado a unos pocos ascetas. Lo normal es creer que elegimos a conciencia y libremente, como si bastara para ello con asumir las declaraciones de ciertos derechos, avenirse con algunas leyes, seguir los seรฑuelos que ofrece a mansalva el variopinto marketing comercial y polรญtico, estar a tono con un sentido comรบn demediado, carente de energรญa crรญtica. La gramรกtica refuerza esa ilusiรณn; baste un simple repaso parcial del lรฉxico a que remite en nuestro idioma: elegir, decidir, preferir, optar, preterir, ponderar, valorar, deliberar, determinar, seleccionar, escoger, evaluar, discernirโฆ
La verdad es que poco o nada estimula o facilita la aplicaciรณn cabal de esos verbos. La mayorรญa estรก convencida de que, si no los ejerce a plenitud, se deberรก acaso a limitaciones y fallas intelectuales y morales a escala personal. Sin negar ese extremo de lo humano, lo cierto es que nunca faltan los grupos, las instancias pรบblicas y privadas, las clases y otros factores de interรฉs y de poder poniendo obstรกculos, con frecuencia insuperables, al ejercicio pleno de la opciรณn racional y libre. No por nada, el objeto de todo poder es siempre la determinaciรณn ad hoc del albedrรญo de la gente. Hablamos de poder, cuando algo o alguien tiene y ejerce ciertos medios para limitar o anular la libertad de otros. Incluso la tan celebrada visiรณn foucaultiana de que el poder es algo como una fuerza productiva, mรกs que represora y constrictiva, reafirma la esencia impositiva de toda fuente de poder, puesto que obliga a determinado sujeto a actuar ‘productivamente’ en el sentido que aquella le marca. Y mientras por un lado se discursea en pro de la libertad y de los derechos democrรกticos, por el otro se trama una cerrada malla de dispositivos y mecanismos, para conculcarlos hasta la aniquilaciรณn. A las fuerzas represivas, los partidos, las instancias religiosas, la familia, las ideologรญas, la moral, los sistemas educativos, los medios de comunicaciรณn masiva, las estructuras jurรญdicas, el marketing polรญtico y comercial, la industria cultural, la omniabarcante facticidad micro y macrorrelacional de los poderes y todo lo que en los รบltimos 75 aรฑos ha posibilitado el control polรญtico-social y la pervivencia misma โno importa cuรกn endeble, irracional y agitadaโ de las aberrantes e injustas sociedades occidentales del presente, se suma la acciรณn directa antipersonal, aunque masificada, de los burdos improperios, ladridos, eructos, mugidos, amenazas, graznidos, rebuznos, rugidos, rumores irresponsables, calumnias y toda clase de ataques atrabiliarios que dimanan de las redes sociales. En una atmรณsfera enrarecida por tales elementos ยฟpuede operar una verdadera libertad, algo que no sea mรกs bien un espejismo o una caricatura de la autonomรญa humana?
Las estratagemas de la ilusiรณn y el peso de la coacciรณn no son, sin embargo, tan efectivos como para inducir a todos a la ceguera plena ante las implicaciones de elegir. Mal que bien, muchos alcanzan a percibir, tanto los lรญmites fรกcticos de la autonomรญa personal como las responsabilidades y riesgos que comporta su ejercicio adecuado, humanamente realizador, hasta donde ello sea posible. Y lo mejor de todo es que los asumen a conciencia. La severa obstancia de las determinaciones estructurales que afronta hoy, como siempre, toda voluntad libre tambiรฉn da pรกbulo a las mรกs variadas y dignas expresiones de resistencia, sin que ello niegue la abulia o la apatรญa en que se varan quienes ponen sus vidas en manos del azar, en la intervenciรณn de alguna deidad benevolente o en los beneficios ocasionales de cualquier factor heterรณnomo, en especial, algรบn residuo clientelar del ya caquรฉctico ‘Estado de bienestar’ o, peor aun, alguna instancia ‘altruista’ del mรกs rancio caciquismo.
Como sea, todos en el fondo de nuestro ser tenemos la responsabilidad civil y รฉtica de decidir y actuar con autonomรญa. Esto implica desarrollar nuestras capacidades para optar con razones suficientes y con libertad, lo que se pone particularmente difรญcil en los procesos electorales, autรฉnticas guerras de conquista de almas. Por entre el humo, el vaho y los miasmas del fragor comicial, destinado a torcer o modular de forma artera la de por sรญ exigua e ilusoria libertad de la ciudadanรญa, a instancias de los mรกs complejos y poderosos aparatos de propaganda, marketing y coacciรณn e incluso terror mental, debe abrirse paso una libรฉrrima voluntad de decisiรณn, opciรณn y acciรณn. Esto solo es posible por medio de un esmerado, pertinaz y valiente cultivo de nuestra siempre activa facultad de juzgar. A fin de cuentas, en este mundo demasiado humano, en el que hemos de vรฉrnoslas con lo peor, al tiempo que echamos en falta lo mejor โno se diga aquello que pudiera merecer la caracterizaciรณn de ‘bien en sรญ’โ es dable identificar, con total responsabilidad, lo preferible: la alternativa que mejor exprese un uso racional de nuestra libertad y, asรญ, nos permita proceder conforme con un ideal sustentable y practicable de lo bueno y lo verdadero. este serรญa el escudo mรกs efectivo ante las campaรฑas electorales que nos harรกn padecer. Tambiรฉn una grata ofrenda a los dioses, tlacuaches, ascetas y titanes, a quienes tanto debemos esa posibilidad.
Bibliografรญa
Alfredo Lรณpez Austin, Los mitos del Tlacuache, Mรฉxico, IIA-UNAM, 2006.
Platรณn, ยซProtรกgorasยป, en Diรกlogos, v. I, trad. y not. de J. Calonge Ruiz, E. Lledรณ รรฑigo y C. Garcรญa Gual, Madrid, Gredos, 1981.
* Ensayo del libro Filos de reserva, publicado por Beyond Dimensions en 2023. Texto publicado oroginalmente en Luvina, nรบm. 91, 2018.
1 A. Lรณpez Austin, Los mitos del Tlacuache, p. 20.
2 Ibid., p. 23.
3 Platรณn, Protรกgoras, 322b.
4 Ibid, passim, 322c-d.

Josu Landa es filรณsofo y poeta. Ejerce la docencia en la UNAM.
Entre los libros de su autorรญa resaltan Poรฉtica, Canon city, Platรณn y la poesรญa, Teorรญa del canรญbal exquisito y รticas de crisis: cinismo, epicureรญsmo, estoicismo. Tambiรฉn es autor de once poemarios, entre los que destaca Treno a la mujer que se fue con el tiempo, y el mรกs reciente de los cuales es Mundo Neverรญ.
En 1996, le otorgaron el Premio Carlos Pellicer de Poesรญa. En 1997, recibiรณ la Orden Andrรฉs Bello. Ha sido becario del DAAD en Alemania. Ha pertenecido, en tres ocasiones, al Sistema Nacional de Creadores de Arte de Mรฉxico.



Deja un comentario