Muestra de poesía

por Ezra Viveros

El poeta se esconde tras sus máscaras…

El poeta se esconde tras sus máscaras

Viste un rostro de ocasión cada día

Antifaces de luz decoran sus ademanes

Cual peregrino afanoso de las palabras

Se ufana de crear un mundo en cada verso

Agazapado observa los gestos del océano

Quisiera atraparlos presuroso y discreto

Y vaciarlos en un poema absoluto, completo

Uno que no acepte devoluciones

Y se proclame la trova única del viento

El cometa de la postrera trayectoria

El diapasón que afine los latidos planetarios

Y siembre resplandores en cada resuello

Y sin embargo se encubre tras sus nimbos

Tímido perfila notas que suenan a marea

Arrebatos con jaranas de incienso

Arrumacos que saben a primer beso

Y esquelas que se condolecen por el desasosiego

El poeta ha firmado un armisticio

Consigo y con sus muchas caras

Un concordato con sus semblantes

Una bandera común para sus facciones

Un grafiti urgente para sus laudos

El poeta duerme bajo el nacaxtle

Oculta su alma arrebatada en un sombrero

El poeta sabe que no puede esconderse siempre

Por ello avienta confeti poesía en los días ligeros.

Quisiera ser un poeta y esculpir la estela de mis sombras…

Quisiera ser un poeta y esculpir la estela de mis sombras

Dejar constancia de las lidias que perdí conmigo mismo

Las traiciones a las que me arrojaron mis pesadumbres

Los falsos propósitos que juré como verdades celestes

Los brutales litigios entre mis ansias y mis apariencias

El encono que sembré y coseché copiosamente

Las veces que mutilé la belleza llamándola vanguardia

Y todas las veces que asesiné al amor llamándolo destino

Testimoniar que nunca pude ser el espejo del futuro

Y que viví en remembranza amarga

Anclado insistentemente a mis pesadillas

Haciéndome un esclavo de mis propias exigencias

Ensoñando apenas lo suficiente para no transigir

Caminando en un siglo devorado por el egoísmo

Esperando que algún portento detuviese al Leviatán

Y me devolviera un poco de fascinación

Un poco del carácter angélico de la poesía

De su consuelo inmerecido pero suficiente

Hubo un tiempo en que quise yantarme el mundo a jirones

Pero pronto perdí el apetito y me hundí en la levedad

En el acto insustancial de acumular y acumular

Con el miedo incesante a ser un hombre cabal

Y a aprender a bailar con la sombra

A darle espacio a los oscuros deseos entre la luz del día

A sostenerme tal cual soy y dejar que la poesía hiciera lo propio

Por eso, ahora

Quisiera ser un poeta y esculpir la estela de mis sombras

Esa hermosa superstición…

Esa hermosa superstición

Debe ser tratada con especial cuidado

Ha sido mi centinela de cabecera

En los sótanos donde he sido escupido

Por haber profanado el veto a los ojos francos,

Por haber labrado en tierra fecunda mis instintos

Y haber coronado a mis pesadillas

como irreverentes déspotas de mi destino.

Esa hermosa superstición

Ha sido un puerto seguro en los días difusos

En que concilian mis demonios con mis naguales

y argumentan sobre lo profundo de mis perdidas

Sobre la inmensa e irritante capacidad

De infringirme derrotas antes de luchar.

Y exigir una prebenda de consolación

Cuando el horizonte me niega su acogida.

Esa hermosa superstición

Nunca ha osado arrebatarle a mi soledad

La primacía de mirarme en mi completa desnudez

Por el contrario, me da cobijo en la inclemencia,

En las horas remotas donde se desquebraja el cerco

Y me inundan las huestes de la pavorosa duda

Cuando la lobreguez se acantona enmarañada

Y confunde la misera verdad atrabiliaria

con mi hermosa superstición.

Ezra Viveros Soto cultiva la poesía como acto de emancipación y ejercicio deleitable de la libertad. Ha hecho estudios de Ingenieria, Psicologia, Teologia y Filosofia. Creció en el trópico veracruzano y es investigador consultor en Teoria critica y Teoria de las organizaciones.

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