por Izabel Janasiewicz Méndez
He creído del realismo un acto periodístico, apoyándome en la definición que del naturalismo, se tiene: apartado de la corriente realista que “extrema el análisis de la realidad, recurriendo a documentación muy minuciosa y científica… pugna por la objetividad absoluta” (Mata, 104). Este hecho podría sustentarse en la realidad descrita y literarizada por ángel del campo en La Rumba, novela drama, aparecida en 20 entregas en el diario El Nacional de 1890 a 1891, como se acostumbraba con la literatura en aquella época, y perteneciente a la exclusiva corriente literaria costumbrista de México.
La Rumba es el espacio a partir del cual vamos a entender la situación de los poblados mexicanos del siglo XIX. Es uno de los principales y más elaborados temas descriptivos de la obra, dedicándosele, por ejemplo, las primeras 8 páginas del texto incluyéndose dentro del sistema a las personas que transitan la plaza y la forma en que la naturaleza se mezcla con su circunstancia, he aquí un ejemplo:
Y era triste aquel lugar enorme, desierto; una fuente seca que servía de muladar era el centro; los desechos de todo el vecindario: ollas rotas, zapatos inconocibles, inmundicia, hasta ramos de flores marchitas de la parroquia se hacinaban en aquella fuente, de la que surgía una cruz de piedra, que conservaba pedazos de papel dorado, colgajos de papel de China y una podrida guirnalda de ciprés, restos quizá de alguna fiesta, destruidos por la lluvia, el viento y la intemperie (De Campo, 1958: 186).
La concentración dimensional del estado de La Rumba, sede su tiempo a la aparición de La Tejona, quien comienza como una niña que juega en la plazuela, dando paso a una atractiva mujer que el resto del texto es nombrada Remedios Vena, apodada La Rumba1, lugar al que estará ligada o conectada, por más que desee no ser parte de una vida de simplezas, tradicionalismo, moral cristiana, educación vacía y pobreza, como todos los que cohabitan en La Rumba.
Nunca sabremos por qué Remedios Vena nació diferente, la narración jamás resuelve dicha incógnita, lo que si dice es que desde pequeña, este personaje encarnado en una atractiva mujer, se dio cuenta de lo miserable de su condición, existiendo muchas maneras de disfrutar la vida, de ropas que vestir para encontrar una personalidad, de dinero que gastar para dar una impresión a los demás y a uno mismo. Gritaba desde joven que era una su vida era una tragedia, su estado miserable y que moriría de tristeza si permanecía en La Rumba ya que “todo era ahí triste y soez, hasta el amor” (De Campo, 1958: 204). Por ello al crecer no se pudo conformar con los favores del dueño de la tienda, un tendero asturiano, Don Mauricio, quien grito con prudencia su pasión hacia la chica de llamativa figura. Pero ella aspiraba a más, su rebeldía se fusionó con la pasión surgida tras la aparición en su destino de otro español, Cornichón, con quien huye del pueblo para realizar sus sueños de grandeza en la ciudad, a pesar de lo que pudiera pasar y de lo alejado de la moral pueblerina, ellos “se alejaban hundiéndose a lo lejos en las calzadas, envueltos por las sombras: esas eternas cómplices. (De Campo, 1958: 207)
Una de las características del realismo mexicano y pienso universal, es la temática de la educación, por ello uno de los personajes de La Rumba es maestro, el de la Municipal, quien nos dice al platicar con Don Mauricio que “la instrucción es la única base del adelanto de las masas, el punto de mira que perseguimos los amantes del progreso, la única palanca de la regeneración… y el perfeccionamiento… (De Campo, 1958: 215). Es el de la Municipal, Borbolla, quien aconseja a Don Mauricio que se olvide de la rebelde Remedios, una chica que no entiende de determinismos, y es que “le dio por leida y escrebida, dizque iba a no sé qué escuela, de ahí, que modista; apenas habla, está hecha una catrina; contesta con puros gringos… De que se ven bonitas ya quieren salir de su clase, y no, hombre; si semos probes así tenemos que quedarnos…” (De Campo, 1958: 215).
Desgraciadamente nuestra protagonista no sacia sus caprichos, no se eleva de posición social, ni mejora su calidad de vida, todo lo contrario. Cornichón la tiene encerrada, sin dinero para comer, resultando su vida peor que la anterior, donde sí tenía prestigio social, era reconocida, con un buen empleo de modista. Tras huir sin despedirse de su padre alcohólico, de su madre enferma de reumatismo, ni de sus hermanos sucios y desaliñados, ni de Don Mauricio, ya no puede ser nombrada de otra forma que no sea una rota, una mujerzuela, a quien el padre nunca perdonará.
Se dice que La Rumba es una novela costumbrista. También se lee que es una novela que profundiza para su realización en el naturalismo. Lo cierto es que es una novela perteneciente a la corriente realista, que surge como respuesta a la necesidad artística de hacer catarsis tras el sufrimiento poblacional de una época caracterizada por cambios y contrastes económicos, resultado de luchas revolucionarias. Surge también en contradicción con el romanticismo al que nunca se ha podido eliminar totalmente de la literatura, según mi criterio, ya que la atracción física en inevitable, y lo que llamamos amor es finalmente una pasión humana. Ángel De Campo a pesar de su marcado periodismo, víctima de plasmar la realidad del país, dejar ver en Don Mauricio, comentado personaje de La Rumba, rasgos románticos, a través de la descripción de sus sentimientos, estados de ánimo y diálogos, como el siguiente:
El arrepentimiento todo lo borra, y hay almas… puras que anidan en cuerpos enfermos como las aves blancas en los troncos secos… y el amor, esa enfermedad hereditaria de todos los corazones, sin antecedentes, sin síntomas anteriores, de un golpe, como fulminante mal se había declarado en el suyo, y lo que es peor, a una edad en que los afectos son incurables (De Campo, 1958: 263).
La narración está llena de folclor mexicano, vemos lo que beben y comen los personajes a través de escenas donde hay vasos de pulque, vendedoras de atole, frijoles, cargas de chile pasilla, mujeres sentadas frente a su petate junto a maíces cocidos y comales para echar las tortillas. Además el lenguaje permite ver usos de la lengua vulgar, con tergiversaciones que podemos observar a través de los ejemplos extraídos de la novela.
“Raros eran los marchantes en el día; pero llegaba la tarde, flotaban las sombras en el tenducho dándole todo el aspecto de una cueva húmeda, quitaba el dependiente los cucuruchos que protegían a las lámparas del polvo y de las moscas, encendíalas y a su amarillento, claro y brillante fulgor adquiría La Rumba no sé qué alegría, no sé qué aseo que le negaba la claridad del sol. (De Campo, 1958: 209)
Remedios tenía ese defecto, creer que todo se lo merecía, echársela de gran señora, ver o todos sobre el hombro” (De Campo, 1958: 240) Otro personaje curiosamente descrito es el padre Milicua, de quien no dudo excelente caracterización de la realidad episcopal.
El juicio de Remedios
Vale la pena analizar a parte del capítulo XI al XVIII, donde se lleva sigue el proceso legal del asesinato de Cornichón, con los enjuiciados Remedios y Don Mauricio.
En primer lugar es notable la aparición del repórter Lucas G. Borbolla, quien efectúa el recuento de los sucesos, dentro de la novela, a través de discursos periodísticos, experiencia de magnitudes literarias deliciosas y atrayentes para el narratario, quien reconstruye, y al igual que los personajes se cuestiona sobre lo realmente ocurrido la noche del pleito entre Remedios y su amante, que finaliza, para el medio amarillista como “el crimen del callejón de las mariposas” (De Campo, 1958: 275).
Borbolla sigue todo el proceso de juicio, siendo en muchos momentos su voz la que narra con lujo de detalles lo sucedido dentro del juzgado, sin dejar de lado el amarillismo, de suma importancia para el periodismo de todas las épocas.
Curiosamente hay varias partes donde el narrador, sale de su posición de simple descriptor, para dar paso a reflexiones y dejar ver su voz. Este proceso narrativo se describe como el yo del narrador introducido en la obra, es llamado ficcionalización, y surgió como tal a partir de la ironía romántica, que concentro su atención en la exposición de las ideas del autor. He aquí uno de los ejemplos al respecto que más me llamaron la atención:
Remedios, tú querías hacerte notable, que se hablara de ti… pues has conseguido tu deseo –no discuto los medios- pero en un segundo, tu nombre ha recorrido el espacio que separa la mesa de un gacetillero de ese monstruo que te fascinaba: la sociedad. Muchacha alocada, tienes ya tu lugar en la gran comedia humana, y el público ha leído con avidez ese capítulo cuya trama –esa trama vulgar de todas las tragedias- fue el amor, y cuyo desenlace ya presienten los filósofos inéditos de La Rumba. (De Campo, 1958: 280)
Es impresionante este párrafo por el papel en que se coloca el narrador, llama a los lectores que la novela tendrá por cientos de años, filósofos, concediéndonos así un papel de analistas respetable, agradeciéndose la atención y el respeto que De Campo da a sus lectores. Por otra parte deja al amor como lo que es “una pasión más” (Mata, 2003), que vista como tal no logra sino lugares comunes en la vida de todos.
Y es aún más impresionante como en el capítulo XIV ¡aparece nuestro narrador como personaje incidental de la novela! Cuando Ángel De Campo describe Belén, la cárcel a donde Remedios es juzgada, (nombre que no deja de recordar el nacimiento de Jesús) de repente se encuentra con el reportero Borbolla quien va a informarse sobre la situación del caso de Remedios, y termina por darle al narrador un recorrido explicado por las principales partes de la cárcel.
Este capítulo dedicado enteramente a la cuestión que he descrito, para por supuesto situar el circo de las cárceles de México, apunta a un suceso que podría haberle pasado a Ángel De Campo, de tal forma su pudo entonces configurar la novela, tras aquella vivida experiencia, ya que la labor periodística del autor es reconocida, y Borbolla, no es otra cosa que un personaje más copiado de la realidad psicológica y presencial de Micrós2.
Por otra se trata el machismo mexicano, que ha dado tanta lata a nuestra cultura; se expone tanto en el padre de Remedios, Cosme Vena, como en Cornichón, cuyo nombre es Napoleón, aunque casi no se menciona este último a través de la novela. El padre de Remedios nunca le perdona que haya huido, y piensa que la chica debía volver e implorar su perdón de rodillas, jamás responde a las suplicas de perdón de la muchacha, siendo tal vez uno de los culpables del trágico incidente que envuelve a la desgraciada acaecida. Otro ejemplo de la representación del machismo lo encontramos en otro de los capítulos concernientes al juicio, donde a voz del Ministerio Público Correas, se explica que:
La sociedad marcha a su desorganización moral, y esto se debe a la mujer… va a la escuela y toma de la ciencia, no la parte útil sino la parte nociva, porque la mujer no ha nacido para las aulas… pido un castigo para que las mujeres honestas vean que la justicia vela sobre ellas y las que se hallen en peligro sepan cómo condena el tribunal del pueblo a las que, en pugna con su sexo, se convierten en una amenaza para los hombres dignos (De Campo, 1958: 329)
Estas ideas atienden a la constante preocupación de la época por “componer” al país tras los hechos revolucionarios, que dejaron una estela de desorganización social en todos los sentidos. Hablamos de la época porfirista, que optó por dar prioridad a las costumbres extranjeras de pomposidad y buen aspecto de las clases altas, alejando la gente mexicana del trabajo de reflexión sobre sí mismos y su particularidad cultural. A pesar de ello la literatura mexicana siempre se ha preocupado por dejar constancia de la riqueza y detalle del lenguaje, reflejo de una cosmovisión única creada por las culturas indígenas y por la influencia española, africana y demás. Es necesario apuntar que “la literatura mexicana no es una rama de la literatura española” (Abreu, 1946: 7) y gracias al costumbrismo mexicano, las novelas que lo encarnan han dejado evidencia de los pensamientos y acciones moralistas, clericales, familiares, laborales, educativos y morales constatando un principio lingüístico y literario explicado en el prólogo de 4 Siglos de Literatura Mexicana3: “para que una lengua tenga validez intransferible es necesario que el pueblo se diluya en ella” (Abreu, 1946: 7)
Encontré un comentario sobre la relación que el escritor quiso establecer entre los actos realistas de la novela y la revolución mexicana. Es decir entonces, que tras el sufrimiento de una revolución, el pueblo mexicano consolido una personalidad con características observables en el comportamiento funcional diario, las cuales son descritas por Del Campo a largo de la novela. De tal forma que pasados los años podemos entender no solo las condiciones sociales desencadenadas por tan peculiar acontecimiento histórico como lo es la revolución mexicana, sino también las formas de expresión de un pueblo con cultura flotante.
Ad hoc
El refrán es una de las características de la literatura costumbrista, se peculiaridad radica en las construcciones lingüísticas de que se vales, tergiversando significado y significante. He transcrito los refranes encontrados en la novela. Todas las citas son de La Rumba, solo se indica la página
El que nació para suela nunca ha de ser oreja (215)
El que por su gusto muere… hasta a muerte le sabe (232)
Donde el río suena agua lleva (240)
A buen santo te encomiendas (242)
Dos elasnas no se pican (258)
El que nada debe, nada teme (270)
Notas
1 Una de las características de la corriente literaria costumbrista es el uso del lenguaje coloquial, dentro del cual cobran relevancia los apodos, comunes en muchas culturas, dotando características distintivas y de significación, al entendimiento de la cosmovisión del lugar de donde surgen.
2 Se ha dicho que Micrós, fue el apodo otorgado a ángel de Campo durante su etapa de maestro, así como el apodo Trick Track.
3 En la bella recopilación de “4 Siglos de Literatura Mexicana” Ángel del Campo se encuentra en el apartado titulado: Siglos XIX-XX.
Bibliografía
ABREU, Ermilio. (1946). 4 Siglos de Literatura Mexicana. Leyenda: México.
CALDERÓN, Mario. (2005). La novela costumbrista mexicana. En Asomo a la cultura escrita de México. UNAM: México.
DE CAMPO, Ángel. (1958). Ocios y apuntes y La Rumba. Porrúa: México.
MATA, Óscar. (2003). La novela corta mexicana en el siglo XIX. UNAM: México.

Los ensayos de Izabel se vuelven un recorrido por el contexto histórico de autores mexicanos al momento de escribir. Realizó la Maestría en Literatura Mexicana Contemporánea con la tesis de maestría: La intertextualidad como recurso literario en la producción del humor en la poética de Juan Villoro.
En su obra ensayística puedes encontrar temas tan diversos como el transhumanismo, la literatura gay, el humor, la autoficción o el costumbrismo, pero siempre encauzando las reflexiones a la necesidad de utilizar recursos críticos de orden transdiciplinario.



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