La habitación

por Ezra Viveros

Bajo un cielo pirƔmide

 Escoltados por estrellas testigos

 Pusimos a dialogar nuestra piel

Encomiando el deseo mutuo

 Admirando la lucidez de nuestros cuerpos brĆŗjulas

 Que nunca equivocan el sentido

Precavidos

            nos pusimos a recoger orgasmos

            como Ć”ngeles huyendo en estampida del cielo

            uno a uno con la paciencia de un cometa

            y la sabidurĆ­a de la vieja iguana

Siete es el nĆŗmero de Dios

Seis es el nĆŗmero del nuestro

Nuestro Dios es la ambición de excedernos

             De nunca tener final

                            De no agotar el fuego

                                       De arroparnos con la furia  

                                                   De no dar cabida al remanso

                                                   De no cobijar la mesura

                                                              De ultrajar la prudencia

                                                                            De asesinar la cadencia

Seis veces fuiste dalia

Seis veces fui nardo

Altar florido con el sacrificio del amor

Inmolando nuestro cuerpo buganvilia

Cuerpo que se entrelaza y se levanta al sol

Una y otra y otra vez hasta ser luz

Fuimos leyenda mƔs allƔ del tiempo

Detuvimos la noche

Con las notas que surgĆ­an de los suspiros mutuos

Con los gemidos de la transformación

En ese Uno que no acepta medias caricias

Ni el cariƱo en parcialidades

Esa noche tuvimos los mismos ojos

 Algo me dice que nuestro parecido es eterno

Y que hemos renacido el mismo dĆ­a del universo

Azaleas reciƩn cortadas

 Nuestra fragancia inundó la habitación

Nos abrazó el zumo de la dicha toda

Una calandria nos cuidó de dejarnos morir de alegría

Y de asesinarnos de tanto placer

Finalmente las gracias mutuas

 El calor que nada entre los cuerpos

 La serenidad del helecho que pace sin viento

La sonrisa de la palmera que sobrevive el ciclón

Nuestras manos jurƔndose lealtad

Nuestras lenguas acicalƔndose sensatas

 Nuestros dedos preparando el siguiente siglo

HĆŗmedos y sin respiro acordamos tregua

Nunca mƔs nos irƭamos de ahƭ

Por eso lo llevamos a cuestas

Y cuando la borrasca amenaza nuestra barca

 Sacamos al Ć­ndigo jumento

Que acalla los tumultos de la soledad

 Y nos refugia en nuestro nido de quetzal

Donde podemos resistir juntos otro milenio.

Ezra Viveros Soto cultiva la poesía como acto de emancipación y ejercicio deleitable de la libertad. Ha hecho estudios de Ingenieria, Psicologia, Teologia y Filosofia. Creció en el trópico veracruzano y es investigador consultor en Teoria critica y Teoria de las organizaciones.

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