por Ezra Viveros
Sanadora
Rompes el flujo narcótico de lo banal,
rebozas vida y la compartes en ramilletes de bondad y cuidado
con pétalos de luz a cuestas.
Regalas tus palabras disipadoras de sombras,
alientos que acarician el agotado pensar
y hacen caminos entrelazando sueños y mañanas.
Devuelves el pálpito a los espíritus rotos
porque conoces los secretos del tiempo
las armas de la vida que se imponen
a punta de sonrisas y entusiasmos
a los dictados de la pena y la tristeza.
Dubitativa siempre sobre cómo hacer el mayor bien,
donas tus sentimientos como afluente
que purifica cargas y aflicciones.
Experta en la alquimia de las espinas,
engendras capullos de belleza.
Eres una dalia que adorna los templos
de los ancestros de los que bebes la savia del viento,
que silba canciones esperanzadas y renacientes.
Tus ojos son como baluartes
garantes de un hálito de redención
porque tu ternura transmuta lo imposible
en fragmentos de un vitral
con los colores secretos de lo eterno.
Me has enseñado a ser compañero
a cultivar un corazón,
y a convertir la palabra amor en un amuleto
que se opone a cualquier mal
que impera y permanece si se pone la vida en ello.
Rompes el flujo narcótico de lo banal,
rebozas vida y la compartes en ramilletes de bondad y cuidado]
con pétalos de luz a cuestas.

Preferencias
Prefiero conjugar tu cuerpo, te digo; acariciar las laderas de tus piernas en pretérito indeterminado, asirme a tus pechos como un gerundio desahuciado. Prefiero enarbolar tu piel, enseña de mi vasto territorio y cantar tus manos en futuro imperfecto como las vigilias heladas que terminaron por conjugarme conjugando tu candor. Te digo.

Mujer lluvia
Mujer lluéveme
Que el rocío de tu entrepierna fertilice mis vegas
Príngame con lágrimas presurosas de alegría
En el abisal de tu océano crepitante
purifícame
Transforma mis ciénagas en desbordantes afluentes
Mujer lluéveme
Que tu caudal irrigue mis arterias,
llenándome de aguas vivas,
cual río crecido violento y amenazante
huyendo pavoroso de tu ausencia
Regálame el afluente de tus entrañas
Decántame en la poza de tus remembranzas
Lluéveme amada mía
Fuérzame a ser el petricor de todos tus amaneceres
El estuario donde quieras reposar en mi suave oleaje
El reservorio manso de tus noches de sotavento
Mujer lluéveme
Y sedimenta conmigo al paso del tiempo
Seamos el vapor que sube a comenzar de nuevo
el largo trance
la larga espera
de ser al fin
juntos
la esperada lluvia.


Ezra Viveros Soto cultiva la poesía como acto de emancipación y ejercicio deleitable de la libertad. Ha hecho estudios de Ingenieria, Psicologia, Teologia y Filosofia. Creció en el trópico veracruzano y es investigador consultor en Teoria critica y Teoria de las organizaciones.



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