Enredaderas

por Lorena Noriega

No sabía cómo había ocurrido todo, lo único que recordaba era que una mañana simplemente despertó así. Se sentía diferente, desorientado. Intentó levantarse pero las fuerzas le fallaban. Estiró un brazo para sostenerse de la cómoda y ahí empezó todo: largas enredaderas salieron de entre sus dedos y chocaron contra la pared del cuarto. Se desmayó. Cuando recobró el conocimiento pensó que había sido sólo un sueño, hasta que se encontró con las paredes del cuarto llenas de flores. 
Había escuchado rumores sobre lo que le estaba pasando. Se trataba de la “floresta” una condición que convertía a los portadores en sembradores vivientes. El gobierno tenía hombres dedicados a esto. Desde tiempos pasados cuando la tierra había comenzado a erosionarse y los recursos renovables estaban por desaparecer, surgió el primer sembrador, como si de una leyenda se tratase y desde ese momento se había encargado él y otros “escogidos”, de arreglar las cosas. ¿Pero cómo le había ocurrido a él? ¿Por qué a él ? Si ya tenía planeado su futuro; había terminado sus estudios y estaba por firmar un jugoso contrato en una de las compañias industriales más famosas de su ciudad. ¡Tenía que ser mentira! Sabía que los sembradores eran especiales y mantenían en equilibrio la tierra, pero, también sabía que los mantenían relegados en algún lugar oculto y el gobierno los controlaba para que sembraran donde y cuando era necesario. 
Tenía miedo, dudaba sobre cómo actuar.  Todos sus planes se venían abajo, ya no era quien creía ser. Seguía sin poder ponerse de pie. Intentó gritar para llamar  a su madre que seguramente se encontraba en la cocina. Pero, al intentarlo, de su boca salieron arbustos que se iban agrandando conforme tocaban el suelo. Cada vez se sentía más desmoralizado. Pensaba que nunca saldría de su cuarto y además, se daba cuenta de que no podría ocultar por más tiempo su condición.
No podía sentirse especial, aunque así pareciera. Se quedó sin moverse. El suelo de su cuarto estaba cubierto de un fino pasto y algunos hongos habían comenzado a crecer. Su madre lo llamó. Después, escuchó cómo se acercaba y abría la puerta.
Un grito. Silencio. Luego la voz de su madre llamando por teléfono.
-Ha sucedido, creo que ha sido un éxito- decía con su voz un poco entrecortada -¿Cuándo vendrán por él? Y…, ¿la recompensa?-
Entonces, era cierto. Era un experimento, lo habían vendido. Ahora no era nadie. Al poco rato, unos hombres entraron a su cuarto. Iban cubiertos con extraños trajes.
-Tranquilo, estás confundido- lo cubrieron con una manta, lo metieron a una camioneta. De ahí, lo trasladaron a una gran bodega donde había pequeñas jaulas con otros como él, encerrados; esperando.
Lo dejaron ahí. 
-Tiene que haber sacrificios para que haya vida- dijeron y fue el último contacto que tuvieron con él.
Desde entonces, está en espera de instrucciones para florecer. Ahora ya no es nadie. Está olvidado. Pero da vida. Eso debería bastar.

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