por Manuel Monroy Correa
III.
El tiempo –ese temblor de parajes sombrÃos– fue un pozo donde aguas estancadas emitieron el reflejo de un cielo permanentemente moribundo, donde los hombres se miraron como en un encantamiento y donde bebieron la savia envenenada de los cuerpos de otros hombres ahà ahogados y la dieron a sus hijos.
Y en su muerte profunda, el agua gemÃa con una delgadez de tornasol oscuro desde el pozo de sus propios vientres. Locura de una vocación de dormir y olvidar que no existe la alborada. Olvido de una sensación de haber caÃdo en corrientes de lóbrega servidumbre. Aparece la imagende fondo donde hallarse es un sueño insano.
El tiempo –ese conjuro, remanso de presencias– fue un sacudimiento inerte, diente de león estéril antes de ser soplado. Aborto de los sentidos en los órganos latentes de una sensibilidad animal hacia las catástrofes. Desproporción antedicha de rocas caÃdas de un cielo fulgurante, que los hombres eligieron como voz de una evidencia irreprochable y con la cual sucumbieron, rodeados del sereno sonido de los abismos, de donde penden muescas de sollozos en escarpadas inalcanzables.
Despeñándose al fin como árboles de bosques marchitos. Embrutecimiento de un aire lontano vestido del cadalso de donde viene como incendio la angustia. Claridad a punto de tornar la mirada fuera del reflejo, que en su último intento se anonada.
El tiempo –esa gruta de matrices insuficientes– fue una sensación de prodigarse el abrazo de un padre el despertar en la figura viviente del continuo que repta y puede contemplarse como a un monstruo del que se atisbó, inocuamente, solo la huella. La farsa de una geometrÃa eterna, dispuesta con febril lucidez en la que abrevaron células de las formas imposibles y, que en su aproximación, las enunció con un teorema inconcluso.

V.
De una hoja preñada de sed en los escombros
va a morir la tierra solitaria.
De voz ausente,
de luz sofocada.
Temblando como un augurio proscrito
que se alarga indefinidamente
hacia la desproporción de sus figuras indomables.
…de voz, que tiende una brecha
que alcanzó el horizonte, tornando a ser
piel secreta de soledad indescifrable
que sacudió la extensión,
haciendo que el cielo se anegara de mares.
…de luz, permutada por la quietud
de unos riscos apagados
que llaman en su elevación al silencio
a sustraerse a las rocas que continuamente habita,
y cuyas sublimaciones van ondeando su decrepitud.
…de extremidades carcomidas
de insinuaciones, de fortunas derramadas
indetenibles como un petróleo
que abrasa la superficie de la agonÃa.
VI.
Se abrirá la tierra preñada de lumbreras como recomienzo de estallidos seminales, albinas erupciones que impregnan de rocÃo cavidades del aire, porciones de sol entre las hierbas inertes, abrazos de voz en las gargantas ásperas de los peces, por emitir sollozos en su timbre agonizante.
Se escuchan de nuevo los miles de pasos de insectos lozanos, el vuelo de aves de rapiña ahà donde no existe testigo más que el aliento disipado en las fuentes del desierto. Se oye un coro de ilusiones distantes, fluyente de rocas mudándose al abrazo continuo de su colisión. Emanaciones solitarias desprovistas de ruido y presencia.
Sacudimiento de estaciones inconclusas, abandonadas al cariz de potencias en las que se modela una colada de germinaciones insólitas. Manantiales inéditos, de donde traslucen los elementos de una pureza cáustica que aflora la silueta desmembrada de lo contingente.
Preciada reverberación de fugacidades, que asoman de protuberancias y fierezas el incólume acontecimiento de un principio de tinieblas retardado. Será que, siendo acaso, en la falta innombrable del ser, despierte un preclaro onÃrico, sensaciones pausadas de estar atravesando recovecos de una oquedad imprescindible.



Manuel Monroy Correa (México, 1976), poeta heracliteano, según su propia designación. Autor de Auspicio (Casa Editorial Abismos, 2017), El [llanto del] crepúsculo (Hebel, 2017) y otros libros. Textos suyos han aparecido en revistas literarias y académicas, digitales e impresas. Tiene proyectos de pintura digital y de audio («Sonoremas»). Es doctorante en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana.
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